El presidente francés, el conservador Nicolas Sarkozy, está decidido a reformar la constitución para incluir la regla de la estabilidad presupuestaria aunque no cuenta con la mayoría suficiente por la oposición de los socialistas a que se haga durante la actual legislatura.

Fuentes del Elíseo (sede presidencial) afirmaron hoy que la "determinación" de Sarkozy se mantiene "intacta", en respuesta a informaciones en la prensa, según las cuales el presidente ha renunciado a correr el riesgo de convocar al Parlamento para esa reforma sin tener el apoyo necesario.

Las fuentes pusieron el acento en que las consultas de su primer ministro, François Fillon, con los principales líderes de los grupos parlamentarios para sondearlos y tratarlos de convencer "acaban simplemente de comenzar".

El diario "Libération" afirmó hoy, citando también fuentes del Elíseo, que el jefe del Estado no convocará a diputados y senadores para votar lo que en Francia se conoce como la "regla de oro" "si no está seguro de disponer de una mayoría".

A falta de poder sacar adelante la reforma, el diario señaló que sus consejeros planean una intervención de Sarkozy en televisión a finales de este mes para explicar su decisión y cargar contra los socialistas.

De acuerdo con esa versión, la línea argumental para evitar que los mercados lo interpreten como una marcha atrás en el compromiso de constitucionalizar la lucha contra el déficit público y la deuda pasa por decir que no se renuncia a la reforma, sino que simplemente se aplazaría hasta después de las elecciones presidenciales de la primavera de 2012.

De hecho, en la cumbre franco-alemana de este verano, Sarkozy y la canciller alemana, Angela Merkel, proponían a todos los países del euro que integraran esa "regla de oro" antes del verano de 2012.

Más allá de estas especulaciones, Fillon empieza la ronda de consultas esta tarde con el presidente de la comisión de Finanzas del Senado, el centrista Jean Arthuis, y con el secretario de esa misma comisión, Philippe Adnot.

Mañana les tocará el turno al presidente del centrista MoDem, François Bayrou, y al líder soberanista de izquierdas Jean-Pierre Chevènement.