La jefa de Estado de Brasil, Dilma Rousseff, presidió hoy por primera vez el desfile militar del Día de la Independencia, durante el que recibió muestras de apoyo por su combate a la corrupción, aunque también se le exigió más "firmeza".

La presidenta, que asumió el poder el pasado 1 de enero y que en su juventud estuvo presa durante unos dos años por sus vínculos con grupos alzados en armas contra la dictadura que gobernó entre 1964 y 1985, fue además la primera mujer que, como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, autorizó el inicio del desfile.

Como es tradicional, la fiesta se celebró en la Explanada de los Ministerios, céntrica avenida de Brasilia en la que se congregó una multitud calculada en unas 40.000 personas, muchas de las cuales se valieron de la ocasión para protestar contra la corrupción.

La protesta, aunque se definió como "no partidista", también sirvió de "apoyo crítico" al combate que la presidenta ha planteado contra los ilícitos con el dinero público, que desde mayo pasado ha llevado a la renuncia o destitución de los ministros de la Presidencia, de Transportes y de Agricultura.

La manifestación, que tuvo réplicas en otras ciudades del país, fue convocada por grupos no gubernamentales a través de Internet y tuvo apoyo del Colegio de Abogados, la Conferencia Nacional de los Obispos y la Asociación Brasileña de Prensa.

Esos organismos reconocieron el empeño de Rousseff en el combate a la corrupción, pero en una carta pública divulgada hoy también exigieron acciones "más concretas" a los responsables de los tres poderes de la Nación, pero sobre todo al Ejecutivo.

Algunos de los participantes se concentraron ante el Congreso y las sedes de algunos ministerios, cuyas entradas lavaron con agua y jabón.

Rousseff llegó al palco presidencial en un Rolls Royce "Silver Wraith" sin capota, que dejó de fabricarse en 1958, fue donado por la reina Isabel II de Inglaterra en 1953 y desde entonces es usado por los jefes de Estado brasileños en ocasiones especiales, como el acto de investidura o el Día de la Independencia.

En su recorrido por la avenida, la jefa de Estado fue aclamada por buena parte la multitud que se congregó para asistir al desfile, que fue abierto por un grupo de deportistas, entre los que destacaba el campeón olímpico y mundial de natación César Cielo.

Detrás de los deportistas desfilaron agrupaciones culturales y niños de escuelas primarias y secundarias de Brasilia que dieron paso a militares de las Fuerzas Armadas, entre los que marcharon tropas que sirvieron en la Misión de Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (Minustah).

El desfile concluyó con un espectáculo de la "Escuadrilha da Fumaça" (Escuadrilla del Humo), un grupo de aviones acrobáticos de la Fuerza Aérea Brasileña creado en 1952.

Rousseff asistió al desfile junto a muchos de sus ministros, su hija Paula y su nieto Gabriel, que cumplirá un año este viernes, pero no llegó a presenciar las arriesgadas maniobras de los pilotos, pues se retiró momentos antes del inicio del espectáculo.