Podría pensarse que muchos iraquíes se sienten más seguros ahora después del derrocamiento de Saddam Hussein, pero no es así.

Es el caso de Fawzia al-Attia, una musulmán chií que fue interrogada por la policía secreta y quien perdió su trabajo porque se rehusó a ingresar al partido Baath del régimen.

Al-Attia dice que con las amenazas de muerte y los atentados diarios en Bagdad, tiene más miedo ahora que durante el reinado de terror de Saddam.

"Antes yo no podía decir nada en mi propia casa, pero al menos estaba a salvo", dijo al-Attia. "Sólo le tenía miedo a Saddam. En cambio, ahora podría abrir la puerta de mi casa y ser asesinada".

Los soldados estadounidenses se preparan para retirarse de Irak por completo a finales de diciembre, más de ocho años después de la invasión que derrocó a Saddam con la promesa de una mejor vida para los iraquíes.

A medida que el país se apresta a comenzar una nueva época posterior a la intervención militar norteamericana, muchos iraquíes que habían acogido con satisfacción la invasión de 2003 sienten que estarán en aún más peligro que antes de la caída de Saddam.

La seguridad es un factor clave para el futuro de Irak, Permitirá atraer inversión de las empresas, guiará las decisiones políticas del gobierno y calmará a una nación devastada por la guerra.

En varias entrevistas en Bagdad, los iraquíes subrayan la intranquilidad que les causan las bombas y los tiroteos al azar que siguen matando a civiles todos los días. Por lo menos bajo el régimen de Saddam, dijeron, ellos sabían que podían evitar ser blanco de la violencia si simplemente se quedaban quietos.

Al-Attia no hace comparaciones a la ligera. Dice que recuerda el miedo que sentía bajo el régimen de Saddam cuando fue citada para ser interrogada en una comisaría. Su marido la siguió porque no sabía si alguna vez la volvería a ver.

Ahora la misma incertidumbre se vive todos los días. A causa de la violencia sectaria, ella y su familia se mudaron de un barrio chií a la Zona Verde de Bagdad, fuertemente fortificada. Ahora tiene un guardaespaldas que la lleva en automóvil a su trabajo, como profesora de sociología en la Universidad de Bagdad.

La violencia sectaria, que llevó a Irak al borde de la guerra civil hace apenas unos cuantos años, era casi inexistente bajo el régimen de Saddam.

En mayo de 2003, dos meses después de la invasión aliada, había menos de unos cuantos ataques diarios contra iraquíes, las fuerzas nacionales de seguridad o los soldados extranjeros. Ese número se disparó en mayo de 2007, con un promedio de 180 ataques al día, según datos de los militares estadounidenses divulgados por investigadores de la Oficina de Investigación de Contabilidad del Congreso de Estados Unidos (GAO por sus siglas en inglés).

Entre 2005 y 2008, 60 iraquíes en promedio fueron asesinados por día. Desde entonces, la violencia ha disminuido considerablemente, pero continúan los ataques.

Irak ha entrado en un "cambio lateral", como lo llama Sean Kane, un ex diplomático de Naciones Unidas que ahora trabaja para el Instituto de la Paz de Estados Unidos. Con el término, Kane se refiere al estancamiento en el progreso de la vida diaria y a las dificultades que tienen los iraquíes para pronosticar qué puede venir después.

La prevista salida del ejército estadounidense hace temer que aumente la violencia y la inestabilidad internas, así como la influencia de la vecina Irán. Como resultado, Bagdad y Washington están revisando si las tropas de Estados Unidos deberán salir por completo el 31 de diciembre, según lo dispuesto en un convenio de seguridad que data de 2008.