Durante 30 años, Estela Morán ha vendido casi todo lo que sea carne comestible de res en el puesto que tiene en un mercado local. Con la venta de mondongo, pata, lengua y carne de primera logró que tres de sus hijos fueran a la universidad.

Sin embargo, no todo anda bien en el Mercado Gascasónica, el cual es pequeño y se ubica en un barrio de nivel económico bajo en el noroeste de la Ciudad de México. Varios puestos están vacíos. Otros sólo son utilizados como lugar de almacenamiento. Morán asegura que sus ventas han caído de manera gradual conforme se instalan supermercados al estilo de Estados Unidos.

Frente a su puesto, otros vendedores de carne no han abierto durante días.

"No sé dónde andan", dijo Morán, de 60 años, mientras empacaba en bolsas de plástico la carne sobrante. "Seguiré vendiendo hasta que me enferme o hasta que ya no pueda trabajar. No ganamos mucho, pero alcanza para vivir. Tengo clientes que dependen de mí".

Los mercados locales de la capital mexicana se caracterizan porque son instalaciones de concreto techadas con láminas corrugadas galvanizadas; son bulliciosos y llenos de olores. Venden de todo, desde ensaladas de nopales hasta piñatas, pero afrontan dificultades para sostenerse a medida que aumentan los mexicanos que prefieren ir a los supermercados de inversión extranjera y donde hay más orden, mayor limpieza y aire acondicionado.

Los compradores afirman que los supermercados tienen accesos más sencillos, mayor surtido y mayor seguridad.

"Sé que por venir aquí estoy enriqueciendo a una compañía extranjera y haciendo más pobres a los locatarios (comerciantes de mercados locales)", dijo María Teresa Hernández, de 57 años, mientras se retiraba de un Wal-Mart con bolsas en las que llevaba chocolate, jugos y ropa interior. "Pero aquí hay de todo".

Otros, sin embargo, afirman que la oferta abundante de frutas y otros alimentos a precios bajos hace que continúen yendo a los mercados locales.

La mayoría de los mercados locales, como el Gascasónica, fueron construidos hace 50 años y exhiben el paso del tiempo. De acuerdo con un estudio reciente del gobierno de la ciudad, 200 de los 318 mercados tradicionales necesitan reparaciones urgentes de plomería y electricidad.

Pero lo acuciante para los más de 70.000 comerciantes de mercados es la caída constante de sus ventas.

Otrora considerados un elemento básico en la vida diaria de esta megaciudad, los mercados abastecían el 80% de los comestibles locales en las décadas de 1950 y 1960, en comparación con el 30% actual, de acuerdo con la Secretaría de Desarrollo Económico del Distrito Federal.

Según un estudio de 2002 de la Universidad Nacional Autónoma de México, las ventas en los mercados locales habían declinado casi 60% más o menos en una década.

Casi 10 años después, el profesor universitario Gerardo Torres Salcido, asegura que las ventas han disminuido todavía más.

"Hay mercados basicamente muertos", dijo Guadalupe Loaeza, articulista del diario Reforma y la cual narra crónicas sobre la vida en la ciudad de México. "Estan en muy malas condiciones, hay goteras, hay ratas. Yo me acuerdo antes, prácticamente nadie nunca iba al supermecado. Ahora todo mundo va".

En abril se reavivó el debate sobre el futuro de los mercados locales cuando el jefe de gobierno (alcalde) de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard, prohibió la construcción de supermercados o minisupers cerca de donde se ubiquen mercados. La medida, sin embargo, estará vigente tres años y necesitará nueva aprobación. Otras autoridades han propuesto ideas como la instalación de máquinas de tarjeta de débito en los mercados locales, donde las compras se hacen sólo en efectivo.

Como sea, algunos de los mercados locales antiguos se mantienen prósperos.

Incluso en las horas que ya no son las de mayor intensidad comercial, el mercado de La Merced, ubicado en el centro histórico de la ciudad, estaba pleno de actividad durante la tarde, en fecha reciente.

El mercado minorista más grande de la capital parece un laberinto interminable de puestos. Su zona comercial se extiende hasta las calles, donde los clientes encuentran de todo, desde discos de video piratas hasta banderas mexicanas hechas en China y elotes (como se dice en México a las mazorcas de maíz) asados o cocidos.

A un lado de un puesto de especias hay otro que vende cintos. Adjunto a uno de moles (adobos de chile), hay otro que comercializa juguetes. A un lado de un puesto que vende dinosaurios de plástico, hay otro que vende tacos de vísceras.

Los pasillos entre los puestos parecen igual de transitadas que las calles, salvo que los congestionamientos humanos aquí son causados por los diablos (carretillas de dos ruedas) que transportan alimentos o por personas que venden refrescos (gaseosas).

Música estridente de cumbia, salsa y éxitos de la década de 1980 sale de los aparatos electrónicos de algunos vendedores. Se escucha el sonido fuerte de programas de televisión o de películas. El polvo cubre los cables de electricidad que cuelgan sobre los puestos. Las moscas sobrevuelan los productos alimenticios.

"Pues venimos aquí porque es una tradición para nosotros", dijo Pedro Ismael Márquez Hernández, de 37 años, mientras hacía las compras con su esposa, su madre y su hija. "Sería triste perder los mercados, es patrimonio de la gente".

Márquez Hernández dijo que encuentra precios más asequibles en el mercado local, aunque dice que prefiere comprar en el supermercado algunos productos, como artículos de baño. Aunque son un poco más caros ahí, tienen mejor calidad, apuntó. También dijo que a veces también aprovecha las ofertas en los expendios del rumbo.

En esta ciudad de casi nueve millones de habitantes, existen tiendas de la franquicia 7-Eleven o similares en casi cada esquina. Walmart de México se ha convertido en el mayor empleador privado en el país; da trabajo a unas 176.000 personas, según el portal de internet de esta cadena de tiendas.

Walmart comenzó la expansión de su presencia en México en 1991 con la apertura de una tienda Sam's Club. Hoy día tiene 1.880 locales en México, que incluyen sus establecimientos principales, las cadenas mexicanas que compró y 364 restaurantes.

En 2010, Walmart registró ventas equivalentes a 26.000 millones de dólares en México y sus subsidiarias en América Central.

Edgar Alvarez, comisionado del Consejo General de Representantes de los Comerciantes y Colabores del Servicio Público de Mercados del Distrito Federal, responsabiliza en parte al gobierno del declive de los mercados locales. Según Alvarez, el gobierno favorece a las compañías internacionales y discrimina a los mercados locales.

Cuando las empresas extranjeras abren un supermercado, "(las autoridades) sí, fomentan los apoyos a internacionales, les arreglan las banquetas", dijo. "Deberían de hacer para nosotros lo mismo que hacen para las multinacionales".

Al mismo tiempo, el gobierno no permite a los mercados callejeros que acepten vales de alimentos, lo cual se traduce en millones de pesos en ingresos perdidos, señaló Alvarez.

Consideró que prohibir la construcción de supermercados y tiendas de conveniencia cerca de los mercados tradicionales es una medida tardía e insuficiente.

Una tarde, en fecha reciente, en el Mercado Gascasónica donde trabaja Morán, un perro callejero se comía las sobras de pollo. Había niños que corrían por todas partes. Algunos vendedores pelaban cebollas. Los puestos estaban cerrando. Reinaba la tranquilidad.

En una esquina, había un altar de la Virgen María en el mercado. El olor de mangos y nopales inundaba el lugar.

Angelina Espejel, quien tiene desde hace ocho años un puesto de lavandería en el Gascasónica, dijo que los mercados locales sobrevivirán a pesar de los pesares. Todavía sirven a muchísima gente de la clase trabajadora, dijo.

"¿Imagínese el desempleo si desaparecen los mercados?", preguntó Espejel.

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Manuel Valdés está en Twitter como http://twitter.com/manevaldes