Tres de los diecinueve tanques de la principal terminal de exportación de petróleo de Libia, la de As Sider, continúan hoy ardiendo en este estratégico enclave petrolero, que ha sufrido graves daños materiales durante la contienda armada.

Los depósitos recibieron el impacto de cohetes lanzados por brigadistas leales al derrocado líder libio Muamar al Gadafi hace dos semanas, explicó a Efe desde Bengasi el presidente de la compañía nacional de petróleo Libia, Nuri Berruien.

Una intensa humareda negra sale de uno de los tanques contenedores de As Sider, a 10 kilómetros al oeste de Ras Lanuf, mientras que en los otros dos el fuego prácticamente se ha consumido solo.

Berruien precisó que están esperando a que el incendio se extinga para empezar a actuar.

Paradójicamente, en el tanque que sigue en llamas hay escrito un mensaje en árabe y en inglés en el que se puede leer "prohibido fumar".

Pese a la importancia de este enclave, situado a tan sólo 50 kilómetros de la posición rebelde más avanzada al este de Sirte, bastión gadafista, el área de los depósitos está completamente desierta.

De hecho, se puede entrar en ella libremente, ya que no hay ningún guardia en la garita de acceso.

Una furgoneta "pick up", con tres combatientes rebeldes aparece en el recinto, y uno de ellos, Menhan Saad de 37 años, asegura a Efe que hay seguridad en el lugar.

"Vigilamos el recinto con prismáticos desde los carros de combate que hay en la carretera", afirma Saad, pese a que tartaron 30 minutos en llegar al lugar en el que se habían adentrado los periodistas.

A un par de kilómetros de los tanques de combustible se ubica el área de conexión de tuberías de la terminal, que está completamente calcinada.

Un intenso olor a petróleo inunda la zona que ha quedado prácticamente inutilizable. En ese sentido, Berruien destacó que "las fuerzas de Gadafi hicieron un gran destrozo y llevaron a cabo actos de vandalismo en las instalaciones".

Prueba de ello es el estado en el que se encuentran los laboratorios, los despachos y la sala de control de la terminal, donde documentos, material de oficina y carnés de trabajadores están desperdigados por el suelo.

Muchos armarios tienen las puertas abiertas y en una de las salas, un centenar de fotos de trabajadores en momentos de ocio contrasta con la actual soledad del lugar.

Asimismo, en la desvencijada sala de control, cuyas ventanas dan al Mediterráneo, los pocos ordenadores que no han sido robados no están operativos, y en la puerta de entrada todavía se puede ver la marca que ha dejado un impacto de bala.

Junto a esta dependencia se localiza el despacho de supervisión de las exportaciones de petróleo, donde en un panel de corcho todavía hay un registro de las últimas operaciones desarrolladas en la terminal.

Con fecha del 17 de febrero, día del inicio de la rebelión contra Gadafi, hay un documento con el programa de exportación de petróleo, según el cual estaba previsto que el pasado 1 de marzo un barco de la petrolera estadounidense Conoco Philips recogiera crudo para su exportación.

Susana Samhan