Estados Unidos celebra hoy el Día del Trabajo en un momento de gran tensión política y social por la debilidad de la economía y el estancamiento en la creación de empleo.

El "Labor Day", uno de los grandes días festivos en este país, será la última tregua antes de un mes clave en el que tanto el presidente Barack Obama como los aspirantes de la oposición republicana van a hacer del empleo el eje de sus propuestas electorales.

A diferencia de la mayoría de los países, EEUU no celebra el día de los trabajadores el Primero de Mayo, sino el primer lunes de septiembre para no hacerlo coincidir con la rememoración de la masacre de Haymarket, ocurrida a raíz de una famosa huelga en Chicago en 1886.

Aunque la campaña para las elecciones presidenciales de 2012 aún no ha comenzado formalmente, ya está claro que la lucha contra el desempleo centrará el pulso entre demócratas y republicanos, y decidirá las posibilidades de reelección de Obama, según todos los analistas.

El presidente estadounidense pronunciará el próximo jueves un discurso muy esperado en el que anunciará nuevas medidas para reactivar la economía y volver a crear empleo.

Lo hará ante las dos cámaras reunidas del Congreso, algo muy poco frecuente, y a una hora, las siete de la tarde (23:00 GMT) en la que la audiencia televisiva será máxima.

Las últimas estadísticas publicadas el viernes supusieron una enorme decepción para el gobierno y reforzaron la convicción entre las filas demócratas de que el presidente está obligado a presentar iniciativas ambiciosas.

Según el Departamento de Trabajo, en agosto la economía estadounidense no creó empleo neto y la tasa de paro se mantuvo en el 9,1% a un nivel inusitadamente alto.

Los articulistas recuerdan que ningún presidente ha sido reelegido nunca con semejante porcentaje de desempleo.

Lo peor para sus aspiraciones es que tampoco se atisba de momento un cambio de tendencia.

El jueves pasado, en su última revisión de los indicadores macroeconómicos, la Oficina presupuestaria de la Casa Blanca (OMB) rebajó sus previsiones de crecimiento para 2011 y 2012 (1,7% y 2,6%, respectivamente) y pronosticó que el desempleo se mantendrá en torno al 9% durante el año electoral.

Los asesores de la Casa Blanca han proporcionado algunas pistas sobre la naturaleza de las medidas que puede anunciar Obama el jueves, como la prórroga de la rebaja de las cotizaciones sociales de los trabajadores asalariados.

A finales de 2010, el gobierno y el Congreso acordaron reducir del 6,2 al 4,2% del salario bruto el monto de la cotización de los empleados al sistema de Seguridad Social, que en Estados Unidos financia esencialmente las pensiones públicas.

El acuerdo preveía que la rebaja, con un coste estimado para el Tesoro de 110.000 millones de dólares, expiraría a finales de 2011.

Obama puede anunciar su extensión, acompañada de una reducción aún mayor del porcentaje y tal vez de una reducción paralela de la cotización social empresarial, fijada ahora también en el 6,2%.

Se espera igualmente que el presidente proponga iniciativas para impulsar la inversión en infraestructuras, más ventajas fiscales para las empresas que contraten a desempleados, algún tipo de apoyo adicional al sector de la construcción residencial y ayudas para los parados de larga duración.

Los republicanos, mayoritarios en la Cámara de Representantes, tendrían que ver con buenos ojos teóricamente cualquier intento de estimular el crecimiento económico bajando los impuestos, pero el clima preelectoral vuelve muy improbable un compromiso bipartidista.

El martes, uno de los principales aspirantes por el partido republicano a competir con Obama, el exgobernador de Massachusetts Mitt Romney, expondrá en un discurso en Las Vegas su propio plan "valiente, radical y específico" para la creación de empleo, según lo ha calificado él mismo.