Siria vivió una ola de violencia y arrestos el domingo pese a que el director del Comité Internacional de la Cruz Roja se encuentra en Damasco para hablar de asuntos como el cuidado a los heridos y el acceso a los detenidos durante la represión del gobierno contra un levantamiento popular.

Los activistas informaron de operaciones militares y detenciones colectivas en zonas de intranquilidad social, entre ellas Idlib, cerca de la frontera con Turquía, y la ciudad oriental de Deir el-Zour. No hubo informes de muertes, pero las cifras no eran claras.

La agencia estatal de noticias informó que nueve personas murieron en una región central del país por una emboscada de grupos armados. El informe, que no pudo ser confirmado, precisó que las víctimas eran seis soldados y tres civiles.

Siria ha prohibido el ingreso de periodistas extranjeros y ha limitado la cobertura de los medios de comunicación locales, lo que hace difícil verificar la información de forma independiente. El régimen ha culpado de los disturbios a matones y bandas armadas, al tiempo que sostiene que las verdaderas víctimas son las fuerzas de seguridad.

Las Naciones Unidas estiman que unas 2.200 personas han muerto desde marzo, en tanto que los manifestantes salen a las calles cada semana, a pesar de que casi seguramente enfrentarán una lluvia de balas de francotiradores de las fuerzas de seguridad.

El régimen no está en peligro inminente de colapso, lo que ha hecho temer que la violencia se intensificará en las próximas semanas y meses.

El presidente del CICR, Jakob Kellenberger, se reunió el domingo con el ministro de Relaciones Exteriores Walid al-Moallem y tenía previsto entrevistarse el lunes con el presidente Bashar Assad.

La campaña del gobierno contra la disidencia ha desatado críticas y sanciones internacionales. La Unión Europea anunció el viernes que prohibió las importaciones de petróleo sirio, lo que le costará millones de dólares diarios al asediado régimen.

Aunque Assad inicialmente le restó importancia a tales presiones y las calificó de intromisión extranjera, el embargo petrolero es importante porque Damasco recibe alrededor del 28% de sus ingresos de la venta de petróleo a países como Francia, Alemania, Italia y Holanda. Algunos analistas creen que Siria está recibiendo ayuda financiera de Irán, en cuyo caso el golpe de la UE se vería amortiguado.

Un periódico estatal sirio criticó el domingo la medida tomada por Europa.

"En lugar de desempeñar un papel político positivo y efectivo, Europa muestra su deseo reprimido de evocar el pasado colonial", afirmó el periódico Al-Thawra.