No hay pasado o futuro, o realidad externa espacial o temporal, incluido el "Big Bang", que pueda probarse que esté fuera del sistema vivo que es el ser humano.

Al menos, en una síntesis muy simplificada, es así como lo expuso el conocido biólogo y filósofo chileno Humberto Maturana en un simposio del festival internacional Ars Electronica que se celebra estos días en la ciudad austríaca de Linz y en el que ha cosechado un calurosos y entusiasta recibimiento.

Bajo el lema "Origen - cómo empieza todo", la edición de 2011 del prestigioso certamen de arte mediático ha invitado al Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN) a participar este año en las creativas actividades del festival.

Enfocado en las posibilidades de renovación que ofrecen al arte y a la sociedad los nuevos medios, Ars Electronica atrae cada año, en la primera semana de septiembre, a un público variado donde prevalece sin embargo la juventud, sobre todo jóvenes creativos y apasionados con las tecnologías punta.

Y sin embargo esta vez una de las estrellas del público es, sin duda, un octogenario: Maturana, influyente científico y pensador, copadre del neologismo "autopoiesis", que define la organización de los sistemas vivos como redes cerradas de continua autoproducción de sus componentes.

Al explicar los resultados de sus investigaciones, el fundador de la Escuela Matríztica de Santiago, más allá de las polémicas que despiertan sus postulados, ha dejado una fuerte impresión por la lucidez de su espíritu, la calidez de su conversación y la agilidad de sus movimientos a los 82 años.

Recibido con un caluroso aplauso, inició su "clase" en el simposio del festival llamando la atención sobre lo que acababa de hacer el público:

"Han aplaudido a sus propias expectativas (...), sabemos que las expectativas nunca se satisfacen, ni las que tenemos hacia nosotros mismos, ni hacia otros, pero eso es lo que nos hace libres: podemos hablar, conversar", dijo el científico.

Para Maturana, "la realidad es una propuesta" de explicación, y está claro que "somos seres emocionales" y que nuestra racionalidad la usamos básicamente "para validar o invalidar nuestras emociones".

Los experimentos y reflexiones del pensador chileno contrastan con otras propuestas del festival, que invitan, en diversos lugares de la ciudad de Linz, situada al borde del Danubio, a interactuar con aparatos y tecnologías de forma simple y directa, en medio de la fascinación que no dejan de causar los nuevos inventos.

Así, el público puede dejarse envolver por una nube creada de forma artificial en la terraza de un ático, o pasear por un muelle de madera en un gran salón convertido en un lago artificial.

Pero allí puede también optar por mojarse los pies y caminar hacia una plataforma diminuta de petróleo: se trata de una instalación del grupo HeHe que alude a la catastrófica explosión de la plataforma petrolífera "Deepwater Horizon" en el Golfo de México.

En esta ocasión y por primera vez, varios científicos del CERN participan en los debates y simposios, una cooperación que ha dado lugar al lanzamiento de un nuevo concurso para artistas que quieran inspirarse en el gigante acelerador de partículas de Ginebra.

En el festival se ha presentado un nuevo libro sobre el CERN, de Peter Ginter, Franzobel y Rolf-Dieter Heuer titulado "LHC. Large Hadron Collider" (Gran Colisionador de Hadrones -el mayor acelerador de partículas del mundo-), que gracias a sus 142 fotografías y un texto comprensible para quien no haya estudiado física, acerca ese mundo al "ciudadano de a pie".

En el acto de presentación se estrenó la composición "Beautiful music for a beautiful beast" de Ralph Schutti, interpretada por músicos de la Filarmónica de Viena.