Jaled Hussein Alí vive en Sao Paulo y supuestamente colabora con al-Qaida. Pero eso no quiere decir que sea terrorista, según los brasileños.

De hecho, en Brasil nadie es considerado un terrorista.

Mientras en la mayor parte del mundo se toman duras medidas para combatir este delito, algunos países se abstienen de adoptar leyes antiterroristas. El caso de Brasil es particularmente llamativo, ya que este país será sede del Mundial de fútbol del 2014 y de los Juegos Olímpicos del 2016.

"Oficialmente, Brasil no tiene terrorismo en su territorio", escribió Lisa Kubiske cuando era subjefa de la misión diplomática estadounidense en Brasilia en agosto del 2009, según un cable difundido por el cibersitio WikiLeaks. "En realidad, varios grupos islámicos que tienen, o se cree que sostienen lazos con organizaciones extremistas, cuentan con células en Brasil y se sospecha que realizan actividades para recaudar fondos".

Varios países de Latinoamérica se resisten a adoptar leyes antiterroristas porque tienen fresco en la memoria el recuerdo de dictaduras que mataron o hicieron desaparecer a miles de personas en las décadas de 1970 y 1980.

"Son lugares donde hubo guerras civiles, donde el país se desgarró tratando de combatir organizaciones terroristas", expresó Kim Lane Scheppele, profesora de derecho de la universidad de Princeton, quien estudia la guerra mundial contra el terrorismo. "Cuando se libraron de eso y lograron establecer un sistema democrático, dijeron 'nunca más'''.

Países como Paraguay, Uruguay y Argentina aprobaron recientemente legislaciones antiterroristas blandas, destinadas más que nada a combatir el lavado de dinero, para evitar quedar en la lista negra del sistema financiero mundial. En Argentina sólo una persona ha sido procesada bajo esas leyes hasta ahora.

En Brasil, la presidenta Dilma Rousseff fue arrestada y torturada durante la dictadura militar de 1964 a 1985; su predecesor Luiz Inacio Lula da Silva fue detenido por el mismo régimen, y Fernando Henrique Cardoso, el presidente anterior a Lula, estuvo exiliado por su activismo.

La poca voluntad política para implementar leyes antiterroristas frustra a los estadounidenses, como indican los cables filtrados por WikiLeaks. Por ejemplo, Brasil no considera que Jezbolá, Hamas o las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia sean organizaciones terroristas.

"El gobierno brasileño es muy sensible a las denuncias de que organizaciones terroristas o extremistas tienen presencia o realizan actividades en Brasil", señaló un cable enviado en el 2008 por el embajador estadounidense de entonces, Clifford Sobel.

Un funcionario de la embajada de Estados Unidos en Brasilia declinó ser entrevistado para este artículo.

La actitud de Brasil hacia el terrorismo se ve reflejada en el caso de Alí, un libanés que reside en este país.

En el 2009, el FBI se puso en contacto con la policía federal brasileña y le dijo que, si bien Alí parecía llevar una vida tranquila como dueño de un café de internet casado con una brasileña y padre de una hija, había transmitido mensajes antiestadounidenses en árabe a través de la internet y podía estar conectado con una agrupación terrorista, según declaró la fiscal Ana Leticia Absy a la AP en una declaración escrita.

Alí fue detenido en abril y acusado de divulgar mensajes racistas en la internet. Estuvo detenido 21 días, el máximo permitido, durante los cuales se investigó el contenido de sus computadoras. Pero se determinó que no constituía un riesgo serio y fue liberado en mayo del 2009, según Absy.

Alexandre Cassettari, el juez de Sao Paulo que dispuso su liberación, dijo en un comunicado que Alí no tenía antecedentes delictivos y que estaba siendo vigilado. De todos modos se lo está procesando por cargos de racismo, asociación ilícita para delinquir e incitación al delito.

Ese mismo año, la unidad de inteligencia de la policía federal dijo en una audiencia legislativa que Alí estaba vinculado con al-Qaida. Indicó que el libanés "era el director mundial del Jihad Media Battalion (una especie de portal propagandístico de al-Qaida), que trabaja para la agrupación terrorista realizando tareas de propaganda, logística, reclutamiento y otras actividades".

Los funcionarios del gobierno, no obstante, insisten en que no hay terroristas en el país.

La ironía es que Río de Janeiro obtuvo la sede de los Juegos Olímpicos en el 2009 aduciendo que es un país que no ha sido afectado por el terrorismo.

"No hay ataques, no hay bombas", dijo Lula, el presidente de entonces.

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La reportera de la AP Martha Mendoza colaboró en este despacho.