Los individuos que asistían a mezquitas radicalizadas y campamentos de entrenamiento ya no son la principal amenaza terrorista. Desde los ataques del 11 de septiembre del 2001, las autoridades se enfocan en gente común y corriente, que se radicaliza a partir de la internet y conspira por su cuenta.

El asesinato en marzo de dos efectivos de la fuerza aérea estadounidense en Francfort a manos de un albano de Kosovo. Un fallido atentado contra la base militar de Fort Hood, en Texas, motivado aparentemente por otro ataque mortal a una base estadounidense en el 2009. Un ataque frustrado a Fort Dix, en Nueva Jersey, planeado por una pequeña célula de terroristas locales.

Estas conspiraciones de elementos islámicos tienen algo en común con Anders Behring Breivik, el asesino noruego que odiaba a los musulmanes. Son obra de extremistas que resulta difícil vigilar porque no dejan rastros.

En el mundo actual, aseguran funcionarios y expertos, las personas que perpetraron el ataque del 11 de septiembre probablemente hubieran sido detectadas antes de completar su obra.

Se cree que ya no hay células de 19 secuestradores con una amplia red de apoyo que pueda planificar un ataque en una mezquita de Hamburgo, entrenar gente en Afganistán y tomar lecciones de vuelo en Estados Unidos sin ser detectada por las fuerzas antiterroristas.

El presidente estadounidense Barack Obama dijo hace poco en una entrevista con la cadena CNN que los ataques de individuos que actúan por su cuenta son mucho más probables que acciones grandes, coordinadas, como las del 11 de septiembre.

Las autoridades occidentales han infiltrado las principales organizaciones de yihadistas, tienen espías, interceptan sus comunicaciones, vigilan las mezquitas radicales y realizan constantes redadas. Hay incluso quienes dicen que estas medidas están vulnerando las libertades civiles.

Pero los atacantes solitarios o las pequeñas células locales representan un desafío más grande porque pasan inadvertidas.

"La principal amenaza son personas que actúan por su cuenta o en grupos muy pequeños", expresó a la AP un alto funcionario de los servicios de inteligencia alemanes que pidió permanecer anónimo por lo delicado del tema.

"No importa si estamos vigilando a 40, 50 ó 60 yihadistas. Eso no cambia nada. El tema es si hay gente que no hemos detectado y que pueda estar planeando algo", comentó.

La tecnología complica la detección de esta gente, sobre todo la internet, que facilita las comunicaciones y el reclutamiento de extremistas.

"Antes reclutaban gente en las mezquitas con discursos cautivantes. Eso pasó a la historia. Hoy por hoy no hay un solo caso en el que la persona no haya sido reclutada mediante la internet", aseguró el juez antiterrorista francés Marc Trevidic a la AP.

"La capacidad de adoctrinarse uno mismo en línea es otra preocupación, porque al no pertenecer a un grupo se dificulta la vigilancia", expresó el magistrado. Las agrupaciones terroristas "se movilizan, organizan reuniones y es más fácil seguirles los pasos".

El primer atentado exitoso de un extremista islámico en suelo alemán fue perpetrado por un albano de Kosovo de 21 años, que mató a tiros a dos efectivos de la fuerza aérea estadounidense en Francfort.

El individuo, Arid Uka, de 21 años, se crió en Francfort y, según los fiscales, se radicalizó a partir de propaganda que vio en la internet. El día antes del ataque vio un video que mostraba supuestas atrocidades de los estadounidenses en Afganistán y que resultó ser de una película. No se le comprobaron vínculos con agrupaciones terroristas.

"Actuó solo y se radicalizó viendo propaganda yihadista en la internet", dijo el portavoz de la fiscalía Marcus Koehler a la AP. "Eso confirma lo peligrosa que es la propaganda yihadista de la internet".

En años recientes al-Qaida y otras organizaciones terroristas han estado tratando de reclutar gente como Uka y empleando personas que se criaron en países occidentales para hacer videos en sus idiomas nativos, en los que exhortan a la gente a sumarse a la yihad.

En las computadoras de cinco individuos que realizaron el atentado de Fort Dix fueron hallados videos del clérigo radical Anuar al-Awlaki, quien además habría estado en contacto con el hombre que perpetró el ataque de Fort Hood.

"Entre el 2003 y el 2008 nos dimos cuenta de la creciente importancia de la internet, primero como instrumento de propaganda y después como propaganda y en el reclutamiento", dijo Trevidic.

Ahora "todo se hace a través de la internet, con métodos cada vez más sofisticados, y lidiamos con una generación más joven que entiende bien cómo funciona la internet", manifestó.

Los terroristas también apelan a sistemas como Skype, que son más difíciles de rastrear, según el funcionario alemán.

"Es más fácil seguir a alguien y ver dónde se encuentra que tratar de encontrar información en la maraña de códigos de usuario y las comunicaciones telefónicas a través de la internet", indicó.

En los ataques del 2008 en Mumbai, India, que dejaron 166 muertos, los terroristas no usaron teléfonos celulares sino que se comunicaron a través de llamadas por la internet, según las autoridades. Además estudiaron su blanco usando imágenes de Google Earth.

Pero cuando el atacante actúa por su cuenta, no hay comunicaciones que interceptar.

De todos modos, no es imposible detectar potenciales terroristas, según Rolf Tophoven, director del Instituto de Investigación del Terrorismo y de Políticas de Seguridad de Essen.

"Si observas el caso de Noruega, tiene que haber habido rastros. El atacante tuvo que conseguir los explosivos, un arma, aprender a usar el arma, tuvo que llevar los explosivos a la ciudad", expresó. "Incluso cuando actúan solos necesitan cierta preparación logística, por lo que tenemos que estar bien atentos para detectar esos rastros. Y la internet, desde ya, es la herramienta más importante".

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En este despacho colaboraron los reporteros de AP Jamey Keaten (desde París) y Paisley Dodds (Londres).