La oposición en Argentina ha resuelto centrar sus esfuerzos de campaña en no perder sus bancas parlamentarias en los comicios generales de octubre próximo, tras asumir tácita o explícitamente que será "imposible" derrotar a la presidenta Cristina Fernández, favorita para lograr la reelección.

El escrutinio definitivo de las primarias del pasado día 14 -que habilitaron a siete candidatos para competir por la Presidencia en octubre- confirmó que la mandataria, con un 50,24 por ciento de los votos, aventaja claramente a los opositores, con 38 puntos de ventaja sobre el segundo más votado, el radical Ricardo Alfonsín.

La primera en dar por descontado una derrota de la oposición en las elecciones del próximo 23 de octubre ha sido Elisa Carrió, líder y candidata de la Coalición Cívica, que obtuvo en las primarias apenas el 3,22 por ciento de los votos.

Al asumir toda la responsabilidad por el magro resultado obtenido, Carrió llamó al electorado a cortar papeletas y votar al menos por los legisladores de la Coalición Cívica.

La estrategia de asegurar las bancas legislativas también ha sido abrazada por la Unión Cívica Radical, la segunda fuerza parlamentaria de Argentina.

El presidente de este partido, Ernesto Sanz, advirtió que si se replican en octubre los resultados obtenidos por el gobernante Frente para la Victoria (FPV) en las primarias, el país estaría ante "un grave peligro institucional de desequilibrio de poder".

El centenario partido ratificó su apoyo a la candidatura presidencial de Alfonsín, un radical aliado al conservador Francisco de Narváez, pero adelantó que se esforzará por una mejor comunicación de las propuestas de sus candidatos al Legislativo.

El propio candidato radical, hijo del expresidente Raúl Alfonsín (1983-1989) y que en las primarias obtuvo el 12,2 por ciento de los votos, admitió días atrás que era "improbable" ganarle a Fernández, aunque luego de reproches de su aliado De Narváez, aseguró que va "a seguir peleando para ganar las elecciones".

Más explícito, el alcalde de Buenos Aires, el conservador Mauricio Macri, afirmó que "la matemática es cruel" y que la "diferencia" sacada por Fernández "y la división en la oposición hacen que se presente imposible" ganar a la mandataria en octubre.

Macri, que optó hace meses buscar su reelección en la capital y desistir de competir por la Presidencia, llamó de todos modos a que el electorado apoye a los candidatos al Parlamento de la fuerza que lidera, Propuesta Republicana, que no tiene candidato presidencial.

Si los resultados de las primarias se replican en octubre, cuando se renovarán 130 bancas en la Cámara de Diputados y 24 en el Senado, el peronista FPV recobraría la mayoría propia en la Cámara alta y alcanzaría 125 bancas en la Cámara baja, a sólo cuatro escaños del quórum propio.

Mientras, otro de los principales candidatos opositores, el expresidente Eduardo Duhalde, optó por el bajo perfil tras haber quedado tercero en las primarias con el 12,12 por ciento de los votos.

Quien resultó cuarto, el gobernador de la central provincia de Santa Fe, el socialista Hermes Binner, es quien se muestra mucho más activo.

La estrategia, que incluyó la reciente presentación de un bloque propio en el Parlamento, parece haberle dado frutos porque ya hay sondeos que vaticinan que Binner, que obtuvo en las primarias una adhesión del 10,18 por ciento, obtendrá un segundo lugar en las presidenciales de octubre, con un caudal de votos cercano al 15 por ciento, desplazando a Alfonsín y Duhalde.

"En la oposición reina el desconcierto y sólo Binner se muestra como un ganador. Alfonsín y Duhalde se perciben políticamente derrotados", dijo el analista político Rosendo Fraga, quien señaló que el socialista "se mueve con más seguridad" y, "si hoy se votara, sería el segundo en el campo opositor".

Del lado del oficialismo, en tanto, el objetivo ahora es mejorar el desempeño logrado en las primarias: si supera el 52 por ciento logrado por Raúl Alfonsín en 1983, será el mayor porcentaje de adhesión logrado por un presidente desde el retorno de Argentina a la democracia.