El popular pianista chino Lang Lang descubrió a Liszt con sólo 2 años, viendo dibujos de "Tom&Jerry". Tardó varios más en saber quién era el autor de aquel sonido mágico pero desde entonces es adicto a ese "elvis presley" de la música clásica, un "héroe" salvaje al que dedica su último disco.

El álbum, "My piano hero", se publicará el próximo 6 de septiembre en CD y vinilo, a los que seguirá un mes después el DVD y el Bluray con la filmación del concierto en solitario que Lang Lang ofreció el pasado 25 de julio en el Roundhouse de Londres, además del documental "Visions of a Virtuoso".

El primer contacto de Lang con la música de Listz fue cuando el músico chino era casi un bebe, viendo en la televisión una película de animación de "Tom&Jerry" en la que el gato, vestido con chaqué, es un pianista que interpreta, soberbiamente, la "Rapsodia Húngara" número 2.

"¡Un gato tocando el piano y con smoking!. Me pareció histéricamente divertido", recuerda Lang en el texto elaborado para el lanzamiento del disco, segundo de los que graba con Sony.

"Imaginaba a Chopin como un ídolo del cine, siempre buscando el amor que nunca encontraba pero Liszt era completamente diferente" y sólo cuando vio a Elvis Presley en la televisión supo que ese "era" Liszt, una "estrella del rock, salvaje y aventurera".

Con una carátula mezcla de manga y de psicodelia sesentera, Lang Lang (1982, Shenyang, China) honra a su admirado, del que se celebrará el próximo 22 de octubre el segundo centenario de su nacimiento, con algunas de sus más populares, virtuosas y poéticas composiciones para piano.

Entre ellas figuran "La Campanella", de los Grandes Estudios de Paganini; las "Rapsodias Húngaras" número 6 y número 15; "Liebestraum"; "Grand galop chromatique"; el "Ave María" y "Consolation" y concluye con una nueva grabación del Concierto de Piano número 1 acompañado junto a la Filarmónica de Viena y Valery Gergiev.

Lang ha interpretado el Concierto para Piano número 1 en una gira que ha pasado por Viena, donde se grabó a principios de junio para el disco, el Ravinia Festival de Estados Unidos, Munich y Festival de Salzburgo.

Ese concierto se estrenó como se le conoce hoy en 1855 en Weimar, con Liszt al piano y su amigo y colega Hector Berlioz al frente de la orquesta.

Fue en Weimar, a donde llegó en 1848 como director de música de corte, donde completó sus quince "Rapsodias Húngaras", en las que recuerda la pasión con la que tocaban los grupos gitanos de su infancia en Hungría con una rápida repetición de notas y glissandi -paso rápido de un sonido a otro-.

Lang lleva "muy cerca del corazón" la sexta y siempre la toca "como un niño" porque estudió su famoso octavo momento una vez y otra como práctica, intentando obtener nuevos efectos.

Para la marcha Rakoczy de la número 15 se inspiró en la interpretación de Vladimir Horowitz porque siendo un adolescente se la oyó, le dejó "ko" y pensó que un día también él la tocaría.

En "La Campanella", de los Grandes Estudios que hizo sobre la obra del "endemoniado" Paganini, Listz transfiere el refinado capricho del violín al piano y hace molinetes arriba y abajo con vibraciones, acordes en cascada, tronantes octavas para ambas manos y efectos de pizzicato.

El músico húngaro fue un niño prodigio que a medida que crecía iba fascinando a todos los públicos de Europa, de Viena a París, a la que llegó con 12 años y donde conoció a Frédéric Chopin, Hector Berlioz o Niccolò Paganini.

En los años 30 y 40 del XIX, el músico de Raiding (Hungría) viajó a través de Europa y catapultó su fama desarrollando una auténtica "lisztomania": dio más de mil conciertos y llegó a tocar en ocasiones hasta cuatro veces a la semana.

"Liszt es mi héroe. Cambió la música clásica completamente, revolucionó la forma de tocar y abrió la puerta a la música moderna", asegura Lang.