Cuando una tormenta eléctrica forzó a los Dolphins de Miami a mover la conferencia de prensa posterior a una práctica al interior de sus instalaciones, el entrenador Tony Sparano tomó su lugar frente a una cortina negra y entonces balbuceó: "Mi espalda está contra la pared, supongo... justo donde quiero estar".

Aparentemente no había un asiento caliente disponible, pero cualquiera que sea el cliché, Sparano sabe que vive tiempo prestado en Miami.

En su primera temporada como entrenador en jefe en la NFL, Sparano guió a los Dolphins a un sorprendente récord de 11-5, el título de la División Este de la AFC y su única aparición en un juego de playoffs desde 2001.

Pero Miami cayó a un decepcionante 7-9 en cada uno de los pasados dos años y en enero el dueño del equipo, Stephen Ross, se embarcó en un torpe cortejo con el entrenador de la Universidad de Stanford, Jim Harbaugh.

Cuando las negociaciones se rompieron, Harbaugh se unió a 49ers de San Francisco y Ross dio a Sparano una extensión de contrato hasta 2013. Pero desde entonces Ross ha hecho poco por disipar las sospechas de que saldrá otra vez a buscar un coach, a menos que el equipo muestre una mejoría substancial.

"Sabe que hay mucha presión sobre él este año", dijo Ross. "Cuando eres un entrenador de fútbol americano, siempre existe presión. Hemos tenido dos temporadas perdedoras y creo que Tony puede sentirlo por cada uno. Esperemos que lo haga bien".

No es exactamente un respaldo resonante. Y para agravar la tensión en las instalaciones del equipo, el quarterback Chad Henne también tiene su espalda contra la pared.

La temporada pasada Henne lanzó para 19 pases interceptados y fue enviado brevemente a la banca. Y en julio pasado los Dolphins intentaron cerrar un trato por el quarterback de Denver, Kyle Orton. La negociación fracasó, pero cuando Henne falló en un entrenamiento, los fanáticos corearon "¡Queremos a Orton!".

Con algunas cuantas fallas en el inicio de la temporada, los abucheos podrían empezar de nuevo para Henne. "Siempre hay presión por ahí", reconoció Henne encogiéndose de hombros. "Yo pongo más presión que nada sobre mí".

El wide receiver Brandon Marshall, dos veces electo al Pro Bowl, también está bajo escrutinio. Sólo atrapó tres pases de touchdown el año pasado. Marshall fue apuñalado en el abdomen durante una disputa doméstica en abril y más recientemente le fue diagnosticado el llamado trastorno límite de la personalidad, un padecimiento que puede derivarse del miedo al fracaso.

Al margen de los problemas de Marshall, el cierre patronal de la NFL y las infructuosas negociaciones con Harbaugh y Orton, los Dolphins han tenido un 2011 decente. Sumaron a un jugador capaz de tener grandes escapadas, algo que necesitan mucho, al firmar al veloz aunque frágil Reggie Bush; mejoraron en la posición de linebacker interior al adquirir a Kevin Burnett y obtuvieron a un promisorio grupo de novatos, que incluye al running back Daniel Thomas y el center Mike Pouncey.

Estas adiciones fueron suficientes para inspirar algunas bravuconadas incluso en Miami, donde han pasado 11 años desde su última victoria en playoffs y 27 años desde su más reciente viaje al Super Bowl.

"Creo que vamos a tener oportunidad de pelear por todo, ¡por el Super Bowl!", exclamó el linebacker Karlos Dansby. "Y eso es por lo que juegas".

Los Dolphins, al parecer, llegarán tan lejos como los lleve su potencialmente fuerte defensa. Salvo Channing Crowder, de quien se deshicieron en favor de Burnett, la unidad que acabó ubicada como la cuarta mejor de la NFL en yardas permitidas por jugada en 2010 regresa intacta.

Miami es especialmente fuerte en la frontal. El linebacker exterior Cameron Wake tuvo una temporada espectacular con 14 capturas de quarterback y una invitación al Pro Bowl, y el nose tackle Paul Soliai dio señales de transformarse en una estrella.

Los Dolphins tendrán profundidad con el regreso del end Jared Odrick y el linebacker A.J. Edds, quienes vieron cortadas sus campañas de novatos por lesiones, y los jóvenes veteranos Vontae Davis y Sean Smith podrían formar una de las mejores parejas de cornerbacks de la liga.

Pero los Dolphins necesitan anotar más que el año pasado, cuando fueron los terceros peores en la NFL, con apenas 17.1 puntos por juego.

Debido a esa ofensiva tan anémica, los Dolphins perdieron tres juegos por tres puntos o menos y dos de esas derrotas apresuraron el colapso de su temporada, lo que dejó a Sparano en una situación tan precaria.

"Si hubiéramos ganado algunos de esos juegos cerrados no estaríamos teniendo esta conversación", comentó el receiver Brian Hartline. "Pero no lo hicimos. Hay cosas que necesitamos arreglar. Las estamos arreglando. Y vamos a ser un mejor equipo".