Las autoridades rebeldes parecen confiar en la rendición negociada de Sirte y las últimas plazas gadafistas y han pedido a los combatientes que entraron victoriosos en Trípoli que vuelvan a sus provincias, porque consideran que la capital ya está a salvo.

Este repliegue responde a un plan diseñado por el Consejo Militar de los rebeldes para redistribuir las fuerzas y recuperar la normalidad en el país y la capital.

"El plan de seguridad de Trípoli estaba diseñado desde mucho antes de que se lanzara el ataque. Se sabía qué pelotón tenía que hacerse cargo de asegurar cada objetivo, como nosotros, que tomamos directamente esta oficina del primer ministro", explica a EFE el comandante Hamis Zintani.

No obstante Zintani admitió que "se ha necesitado tiempo para desarmar a la población, levantar los puestos de control y asegurar algunos objetivos estratégicos porque algunas de nuestras fuerzas no están bien entrenadas para ello".

Para el comandante todo está preparado para que las fuerzas tripolitanas asuman el control de la seguridad en la capital.

"La Policía ha tardado en salir a las calles porque tenía miedo a que la población los asociara con el antiguo régimen. Miedo a que algunos se tomarán la revancha por su cuenta, pero poco a poco han ido saliendo y viendo que no hay peligro", señala.

"Ahora ya está todo organizado y tenemos las fuerzas suficientes. Hay muchos jóvenes que pueden seguir siendo útiles a la revolución en sus pueblos", apostilló.

Prácticamente al otro lado del país, en Naufaliya y Ben Yawad, situados a unos 150 kilómetros al este de Sirte, el último gran bastión gadafista, los rebeldes esperan literalmente con los brazos cruzados la evolución de los acontecimientos.

El Consejo Nacional Transitorio (CNT) amplió hasta el sábado próximo el ultimátum dado a los gadafistas para que se rindan de manera pacífica y que, en un principio, expiraba hoy.

Muchos rebeldes han aprovechado para tomarse el día de descanso por la festividad musulmana del Aid al Fitr, que marca el fin del ramadán, a pesar de que por la noche se registraron algunos enfrentamientos esporádicos entre Ben Yawad y Sirte.

No obstante alguno milicianos continúan haciendo guardia en distintos puestos como en uno situado a tres kilómetros más allá de Naufaliya, 20 kilómetros al oeste de Ben Yawad, para defender posiciones de posibles ataques.

Uno de los guerrilleros que hace guardia, Abderrahmán, de 42 años, muestra su deseo a un final negociado a la crisis en Sirte, ciudad natal del depuesto líder libio, Muamar el Gadafi.

"No queremos más derramamiento de sangre -apuntó el guerrillero secándose el sudor de la frente-, deseamos una solución tranquila, ellos son nuestros hermanos".

Esperanza que comparten sus compañeros, que aseguran que no desean más muertes.

Mientras tanto, las autoridades políticas, que ayer recibieron en París un gran espaldarazo de la comunidad internacional, ya tienen puesta la mirada en la futura Libia.

Así, el general Omar al Hariri, miembro del equipo de Crisis del CNT, anunció hoy en Trípoli que las unidades militares sublevadas y las fuerzas rebeldes se fusionarán para crear un nuevo Ejército Nacional libio cuya misión será garantizar la seguridad del país.

En una rueda de prensa ofrecida en el hotel Radisson de la capital, el militar pidió paciencia a los libios y prometió que en un "breve espacio de tiempo" habrá nuevos soldados profesionales en las calles.

"No existe diferencia alguna entre las fuerzas rebeldes y el Ejército Nacional. Gran parte del Ejército ha estado con los rebeldes desde el principio. Todos han luchado en el mismo bando y ahora van a seguir unidos", afirmó el general.

Un futuro que pasa por la detención del huido coronel, al que se le cree en algún lugar de Libia y a la caída de las últimas plazas gadafistas que aún resisten Sebha, Sirte y Bani Walid.

"Ojalá que tengan éxito las negociaciones", aseguró el miliciano Abu Hashem pertrechado con un fusil "kalashnikov" desde Ben Yawad, con la mirada puesta en la carretera que lleva a Sirte.