Antes del 11 de septiembre sobrevino el 19 de abril, la fecha fatal en que un camión lleno de explosivos semidestruyó un edificio federal en el corazón de Estados Unidos y demostró que nada ni nadie era invulnerable a ataques.

La combinación de dos toneladas de fertilizantes y combustibles en Oklahoma City hizo añicos la noción de que quienes residen lejos de las grandes ciudades y los edificios más altos no serían blancos del terrorismo.

A medida que la nación se prepara para conmemorar el décimo aniversario de los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001, muchos residentes de Oklahoma siguen sensibilizados por la mortífera explosión anterior. Cuando una bomba casera estalló junto a una vivienda de Oklahoma City hace pocas semanas, los residentes evocaron inmediatamente la explosión de 1995.

"Cada vez que uno ve estallar una bomba en la televisión, piensa en el edificio Murrah", dijo Tom Kight, que no fue sino hasta cinco días después del ataque cuando se enteró de que su hijastra había sido una de las víctimas fatales. "He vivido intranquilo. Cada vez que uno ve una bomba, ya sea en Afganistán o en Irak, evoca recuerdos".

Los ataques de al-Qaida en el 2001 mataron a casi 3.000 personas en Nueva York, Washington y Pensilvania. El ataque perpetrado por Timothy McVeigh contra el edificio federal de nueve pisos en Oklahoma City, en venganza por una ofensiva del gobierno en 1993 contra un complejo de un culto religioso en Waco, Texas, dejó 168 muertos, incluso 19 niños en una guardería.

La reacción a la explosión de una bomba casera a mediados de este año ejemplifica lo sensibles que están los residentes de Oklahoma City a cualquier amenaza potencial, afirmó Susan Winchester, cuya hermana murió en el ataque al edificio federal.

"Creo que hemos experimentado de primera mano que no es algo que haya que tomar a la ligera. Uno evoca inmediatamente sus recuerdos y experiencias", comentó. "Uno se da cuenta de que es algo muy real y que puede suceder. Si alguien está en un sitio donde no lo experimentó, podría no tomarlo tan seriamente. Pero uno sabe que puede ocurrir".

En el caso más reciente, las autoridades dijeron que un muchachito de 15 años estaba jugando con cócteles molotov antes del incendio fatal que mató a una pareja de ancianos. Shirley Ferguson, de 72 años, cuyos vecinos murieron, dijo que cualquiera es vulnerable.

"Estoy segura de que podría volver a ocurrir. Espero que no, pero como está el mundo actualmente, una nunca sabe", afirmó. "Me preocupa el mal que nos rodea".

Su hija Sherie Asbell, de 53 años, dijo que el impacto emocional del ataque de Oklahoma City y la explosión en el vecindario de su madre "están estrechamente relacionados".

"Me volvió a provocar un gran temor", enfatizó.

"Puede suceder en cualquier momento a cualquiera", terció su vecino Bob Bosse, de 64 años. "Uno sólo espera que no ocurra".

McVeigh, veterano del ejército, fue condenado por asesinato y otros cargos ante la justicia federal y fue ejecutado el 11 de junio del 2001, tres meses antes de los ataques a las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono. Su cómplice Terry Nichols está condenado a cadena perpetua.

El 11 de septiembre, Richard Williams se sintió identificado con los residentes de Nueva York y Washington. Williams, que necesitó 150 puntadas para suturar heridas en el costado derecho de su cuerpo tras la bomba de Oklahoma City, y que perdió a docenas de colegas y amigos en el ataque, dijo que también sentía "lo que esa gente sintió el 19 de abril".

"Mi primera reacción fue tomar el teléfono y llamar a mis compañeros sobrevivientes, gente que conocía. Aquí prevalecía la misma identificación con lo que experimentaba aquella gente", agregó.

Williams, de 65 años, que se encontraba en una reunión de trabajo en el edificio federal Murrah a las 9.02 de la mañana el 19 de abril de 1995, dijo que pequeñas cosas bastan para poner a la gente a la defensiva.

"Casi no hay un día en Oklahoma en que no oigamos algo sobre el ataque", afirmó. "Oír un camión de los bomberos, un ruido intenso, un estruendo de Tinker (la base de la fuerza aérea cercana) bastan para desencadenar una emoción".

A medida que se aproxima el décimo aniversario del 11 de septiembre, "sé por lo que están por pasar, física y mentalmente, y me pone nervioso", dijo Williams, que desde entonces se ha retirado y vive cerca de Houston. "Uno ve cada vez más documentales (sobre los ataques). Evocan ese sentimiento angustioso porque te hace revivirlo, pero supongo que es parte del proceso de consolación".

Winchester, cuya hermana Margaret Clark murió en el ataque de Oklahoma, dijo que recibió consuelo emocional gracias a un monumento conmemorativo erigido en el lugar de la explosión, algo que las víctimas de Nueva York y Washington no tienen todavía.

"Cada vez que ocurre algo parecido creo que despierta compasión de todos en Oklahoma, particularmente todos los involucrados directamente en el ataque aquí", afirmó. "Es la experiencia personal de saber por lo que están pasando los demás".

Kight, de 72 años, dijo que pese al tiempo transcurrido, el dolor persiste.

"A medida que envejecemos, nuestros recuerdos se van desdibujando en cierta medida", comentó, "pero yo tengo una imagen en mi mente que persiste para siempre".

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Los periodistas de The Associated Press Sean Murphy en Oklahoma City y Justin Juozapavicius en Tulsa contribuyeron a este informe.