Tras la toma de Trípoli y de Misrata por parte de los rebeldes, muchos libios, que huyeron de sus casas, intentan volver ahora por mar desde Bengasi, puerto clave para el transporte de mercancías a otros puntos del país.

Ese es el caso de Muhamad, un conductor de 28 años que se marchó de Trípoli hace tres meses y que ahora intenta alcanzar la capital vía Misrata, la tercera ciudad de país.

"Me fui por la guerra, pero ahora que parece que la situación va siendo más estable allí quiero regresar", explicó hoy a Efe Muhamad, que acudió junto a su primo a las oficinas de la compañía Hudhud, que fleta barcos de pasajeros a Misrata.

"No sé cuándo partiré, lo haré lo antes posible, puede que esta noche o mañana -apuntó Muhamad-. Hay bastante confusión" sobre los horarios.

El subdirector de la compañía Hudhud, Ahmad al Mejrab, subrayó que el 25 por ciento de los habitantes de Misrata huyó a Bengasi durante el asedio al que estuvo sometida esa localidad durante meses y que ahora todo el mundo quiere volver.

"Comenzamos a trabajar en junio pasado. Al principio, tras el comienzo de la revolución, era imposible viajar y antes de la guerra no había compañías como esta, tan solo había una empresa estatal que operaba desde Trípoli" recordó Al Mejrab, sentado en su destartalado despacho.

Por cuarenta dinares (unos veintidós euros) se puede viajar desde Bengasi a Misrata y desde allí a la capital en un barco con una capacidad de unos ochocientos pasajeros, pese a que los viajeros oscilan entre los doscientos y los trescientos en la actualidad.

El albañil Omar Ramadán, de 47 años, está dispuesto a aguantar las veinte horas que tarda la travesía hasta Misrata para recoger a su cuñada y traérsela a Bengasi.

"Nuestra casa fue bombardeada, mi hermano está aquí enfermo y yo voy a traerme a mi cuñada, que está allí sola. Si Dios quiere, partiré mañana", apuntó Ramadán, originario del sur de Libia y ataviado con una galabiya (túnica) blanca.

Al Mejrab destacó que en estos momentos el mejor medio de transporte en el país es el barco porque las rutas por tierra todavía son inseguras.

No muy lejos de allí se ubica el puerto de Bengasi, donde solo había atracados hoy dos barcos de gran envergadura, "es por el Eid (fiesta del fin de ramadán), todo el mundo está de vacaciones", señaló a Efe Said, uno de los trabajadores de la terminal.

En el puerto, que hoy amanecía casi desierto, trabajan habitualmente unos mil empleados, aunque en esta segunda jornada del Eid al Fitr apenas había unos pocos y no se registraba ninguna actividad.

"Ahora es más complicado operar aquí porque todas las grúas y la maquinaria están paralizadas, además no se sabe quién es el jefe porque todos quieren mandar", se quejó Nuredine Shalad, capitán de un barco con bandera panameña originario de Turquía.

Con una capacidad para trasladar 45 contenedores, la embarcación de Shalad transporta fruta, verduras y vehículos de Bengasi a Misrata, "porque el camino por tierra no es seguro", aseguró el capitán, quien agregó que les han contratado las autoridades rebeldes libias.

Ya efectuaron su primer viaje a Misrata la semana pasada, pero allí "fue todo más complicado porque no hay aduanas", subrayó Shalad en la cubierta del barco donde tres marineros indios aprovechaban un descanso para almorzar.

En Bengasi, el panorama es mejor pero continúa siendo un tanto caótico, un ejemplo de ello son los contenedores alineados en el puerto:

"Están colocados como un escudo para defenderse del enemigo pero no para estar en un puerto", indicó.

Shalad, que ha visitado la terminal de Bengasi en varias ocasiones antes y durante la revolución, dijo que tras el inicio de la revuelta, el 17 de febrero pasado, no notó una disminución de la actividad portuaria en la capital de los rebeldes y que esta se ha mantenido a lo largo de los meses.

Aun así, lo que necesitan es "organización, mucha organización", sentenció el veterano marinero.

Susana Samhan