Un piloto intentaba posar su helicóptero de cinco toneladas, lo más suavemente posible, sobre la superficie rugosa de un glaciar, considerado uno de los torrentes de hielo más veloces que existen en la Tierra.

La voz de David Holland se escuchó de súbito en el interfono de la nave.

"¡A Carl no le gusta esto!", gritó el científico. "Dice que hay puentes de nieve", es decir acumulaciones de nieve o hielo que a manera de capa ocultan grietas profundas.

El helicóptero se elevó rápidamente e hizo un viraje sobre el paisaje caótico de protuberancias y pináculos de hielo entre reflejos azulados de agua derretida en busca de otro lugar para efectuar un descenso más seguro.

Carl Gladish, asistente de Holland, bajó con cuidado desde los patines de aterrizaje del helicóptero hasta el hielo. Gladish, un tipo larguirucho que utiliza cola de caballo, efectuó su tarea asignada a toda prisa entre el ruido de las hélices del rotor.

La operación fue uno de ocho descensos peligrosos en los que en dos minutos cada vez un equipo de investigadores de la Universidad de Nueva York colocó instrumentos para medir los agrietamientos internos y el desplazamiento del glaciar Jakobshavn, en un intento por despejar interrogantes en torno a un fragmento de este enigma gigante llamado Groenlandia.

Grupos distintos de científicos trabajan en otras partes en misiones difíciles y a menudo peligrosas, a veces con temperaturas bajo cero y ventarrones. Duermen en tiendas de campaña sobre el hielo, viven aislados durante semanas por turnos y tienen un débil enlace telefónico vía satélite.

En un mismo día de julio, Alun Hubbard efectuaba una expedición solitaria por la espectacular costa norte, por el glaciar Petermann, que se ubica en una zona remota.

Liz Morris se encontraba en las primeras horas de un recorrido de investigación de un mes por una capa de hielo de tres kilómetros (dos millas) de grosor que forma un montículo vasto en Groenlandia.

Asa Rennermalm y otros colegas, en la franja occidental de la masa de hielo, se encontraban en su cuarta expedición de verano boreal para la toma meticulosa y cuidadosa de muestras de agua de hielo derretido que fluye del interior.

Groenlandia es la mayor isla del mundo, tiene el tamaño de Alaska y California juntas y 80% de ella esta cubierta de hielo.

Numerosos especialistas trabajan durante horas dispersos en Groenlandia bajo el sol de medianoche, utilizan geoposicionadores satelitales y estaciones meteorológicas automáticas, efectúan perforaciones en la capa de hielo y analizan el aire y las nubes.

Todas estas acciones tienen como fin la preparación de una respuesta a una pregunta crucial: ¿Qué volumen de hielo se derretirá en Groenlandia y a qué ritmo en un mundo que se calienta y en el que la temperatura se eleva de manera más veloz en el Artico?

Si todo el hielo finalmente se resbala y cae al océano, el nivel del mar se elevará siete metros (23 pies). Incluso una fracción de ese volumen sería suficiente para inundar Bangladesh y el sur de Florida, cubrir pequeñas islas y amenazar ciudades como Shanghai y Nueva York.

Sin embargo, al tiempo que aumentan las temperaturas debido a los gases de efecto invernadero en la atmósfera, se vuelve difícil conseguir una respuesta. El desafío — científico y logístico — parece superar los recursos canalizados a encontrarla.

Debido al enigma de Groenlandia y la incertidumbre sobre el hielo del Antártico, el Panel Intergubernamental del Cambio Climático auspiciado por la ONU básicamente descartó las secuelas que pueda tener en los océanos una aceleración del derretimiento de los polos.

En su informe sobre calentamiento global de 2007, el panel proyectó para este siglo una elevación del nivel del mar de apenas entre 18 y 59 centímetros (entre siete y 23 pulgadas), principalmente debido a la dilatación del agua por el aumento de la temperatura.

Sin embargo, los investigadores han determinado desde entonces que Groenlandia perdió hielo en el periodo de 2004 a 2009 a un ritmo cuatro veces mayor que en el periodo de 1995 a 2000. En mayo, el Programa de Monitoreo y Evaluación del Artico pronosticó una mayor elevación del nivel del mar en el mundo de entre 90 y 160 centímetros (entre 35 y 63 pulgadas) para el año 2100.

Para los mejor informados, como Morris, investigadora polar veterana de la Universidad de Cambridge, el derretimiento es inevitable en los lugares donde las temperaturas sobre la capa de hielo se han elevado 2,2 grados Celsius (cuatro grados Fahrenheit) en sólo 20 años.

"Si se ponen gases de efecto invernadero en la atmósfera no hay manera de evitar el calentamiento y el derretimiento de los hielos", dijo Morris antes de emprender su expedición en motonieve. "La incertidumbre es precisar la fecha exacta".

El "cuándo" depende de una maraña de variables que Morris describió como "la enorme complejidad" el sistema de hielos de Groenlandia.

"¿El cuándo y el dónde, por ejemplo, lo constituyen las aguas mas cálidas del sur que alcanzan los fiordos de Groenlandia y que se extienden bajo los glaciares en los fiordos? ¿Con qué eficacia se filtra hasta la base de la capa de hielo el agua derretida del mismo y la cual lubrica el desplazamiento de esa capa hacia el mar? ¿Cuánto compensa el hielo derretido la caída de nieve, la cual proviene del agua de los océanos?

Los investigadores han concentrado bastante tiempo su atención en los glaciares de la desembocadura sur, como el Jakobshavn, que tiene seis kilómetros (cuatro millas) de ancho y producd icebergs impresionantes. El glaciar Jakobshav es considerado el mayor responsable en el hemisferio norte del aumento del nivel de los océanos.

El hielo donde Gladish, estudiante de doctorado, maniobró con rapidez, se desplaza hacia el mar a un ritmo de 30 metros (100 pies) diarios, el doble de la década de 1990.

Como si fuera masa, el derretimiento gigante se desplaza hacia el noroeste. En 2010, científicos de Estados Unidos y Dinamarca informaron que habían detectado en la costa de Groenlandia un "ascenso de la corteza terrestre", lo cual ocurre a medida que se derrite el hielo.