Dos estudios médicos importantes no han logrado encontrar incrementos significativos en los fallecimientos por cáncer entre gente expuesta a polvo del Centro de Comercio Mundial, o WTC, de Nueva York.

En uno de ellos, investigadores que estudiaron índices de cáncer entre aproximadamente 9.000 bomberos que pasaron tiempo en la zona donde solían estar las Torres Gemelas encontraron cuatro casos más de la enfermedad que lo que podría esperarse normalmente en un grupo de hombres estadounidenses de la misma edad y raza, aumento que expertos independientes dijeron que suficientemente pequeño para ser considerado simplemente como casualidad.

Médicos del Departamento de Bomberos también compararon a los bomberos expuestos con un grupo de 926 colegas que nunca estuvieron en el WTC, y que no tuvieron contacto en el polvo. Encontraron que las tasas de cáncer fueron cerca de 19% superiores en el grupo expuesto, pero, también esta vez, expertos no relacionados al estudio señalaron que la diferencia no era estadísticamente significativa.

Intercesores de los bomberos dijeron, no obstante, la tendencia era preocupante, mientras que médicos indicaron que no podían descartar la posibilidad de que se desarrollen más casos de cáncer entre los bomberos con el paso del tiempo.

En otro estudio, investigadores del Departamento de Salud de la ciudad de Nueva York, quienes estudiaron tasas de mortalidad entre 42.000 personas potencialmente expuestas al polvo del WTC no encontraron evidencia de un aumento repentino en muertes. De hecho, encontraron que las 790 muertes entre gente del grupo de estudio fueron 43% más bajas que la tasa de mortalidad de los neoyorquinos en general. También resultó que tuvieron menos probabilidad de padecer enfermedades respiratorias fatales.

Esos descubrimientos, empero, también fueron descartados por científicos al considerar que era prematuro considerar que signifiquen mucho.

Debido a que los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001 ocurrieron en un distrito comercial e involucraron presumiblemente a personas suficientemente sanas para reportarse a su trabajo, el grupo de estudio, para empezar, fue probablemente más sano que el público en general, dijo el comisionado de salud de la ciudad de Nueva York, el doctor Thomas Farley.

"Yo no lo interpretaría como que el Centro de Comercio Mundial de alguna manera ha ayudado a la gente a vivir más", señaló. Además, el tipo de toxinas liberadas en el desastre del centro comercial normalmente toma décadas para provocar muertes, no los pocos años cubiertos por el estudio, indicaron él y otros expertos.

Donald Berry, un profesor de bioestadísticas del Centro M.D. Anderson de Cáncer, de la Universidad de Texas, dijo que ninguno de los estudios "proporciona evidencia de que vivir o trabajar en donde se ubicó el Centro de Comercio Mundial incrementa el riesgo de nada".

"Los riesgos profesionales son reales", señaló. "Un ejemplo extremo es la condición difícil de los trabajadores de asbestos. Pero los riesgos ocupacionales se acrecientan con años de exposición. Con la excepción de una explosión o catástrofe nuclear, es difícil que cualquier acontecimiento por si solo ocasione un incremento de cáncer o mortalidad", agregó.

Ambos estudios serían publicados el viernes en The Lancet, una revista médica británica.