El despacho del presidente Nicolas Sarkozy negó enérgicamente la versión contenida en un nuevo libro acerca de que se apoderó personalmente de dinero no declarado de su campaña procedente de la heredera de la fortuna de L'Oreal hace cinco años.

La afirmación tiene lugar en momentos en que la puja para las elecciones presidenciales del año próximo entra en calor.

Los aliados de Sarkozy sugieren que las acusaciones son parte de una campaña contra el impopular presidente. El año pasado afloraron acusaciones similares.

De todos modos, las interrogantes sobre el modo en que Sarkozy financió su campaña del 2007 podrían perjudicar su probable candidatura a la reelección en abril y mayo. Sus críticos han considerado que el líder conservador es demasiado allegado a los ricos, crítica que pesa mucho en momentos en que la economía francesa se está estancando y muchos de sus mismos partidarios están desilusionados con su liderazgo.

La líder del principal partido francés de oposición, la socialista Martine Aubry, reclamó una investigación para determinar si Sarkozy recibió ilegalmente dinero de campaña de Liliane Bettencourt, la mujer más rica de Europa.

Un contador de Bettencourt dijo hace un año que entregó 50.000 euros (72.000 dólares) en efectivo en el 2007 al tesorero del partido de Sarkozy para la campaña presidencial, muy por encima del límite legal de 4.600 euros para las donaciones individuales. Las acusaciones se plantearon durante una serie de investigaciones sobre las finanzas de aquélla.

Un libro que sale a la venta el jueves sugiere que el mismo Sarkozy recibió dinero no declarado.

El libro, "Sarko m'a tuer" ("Sarko me mató"), atribuye a la jueza investigadora Isabelle Prevost-Desprez haber dicho que un testigo que interrogó "me dijo que él o ella había visto que le entregaban dinero en efectivo a Sarko", sobrenombre de Sarkozy.

Pero la jueza aclaró que el comentario fue formulado fuera del interrogatorio formal y que no quedó registrado en los documentos judiciales. El libro no precisa una cifra del efectivo supuestamente entregado.

No se pudo establecer contacto con Prevost-Desprez para recabar su comentario el miércoles.

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Jeffrey Schaeffer y Pierre-Yves Roger en París contribuyeron a este despacho.