Los científicos estadounidenses que inocularon sífilis y gonorrea a más de mil personas en Guatemala entre 1946 y 1948, en unos ensayos clínicos que dejaron 83 muertos, sabían que estaban violando las normas de ética pero hicieron lo posible por ocultarlo.

Así lo determinó hoy la Comisión Presidencial para el Estudio de Asuntos de Bioética estadounidense, en la sexta reunión de la investigación que encargó el presidente de EE.UU., Barack Obama, a raíz del escándalo desatado el año pasado.

"Los investigadores sabían que lo que estaban haciendo iba en contra de las normas establecidas en EE.UU. pero hicieron lo posible por mantenerlo en secreto, y sólo lo compartieron con un pequeño grupo de investigadores y sus superiores", dijo a Efe la presidenta de la comisión, Amy Gutmann.

Los científicos "no sólo no solicitaron el consentimiento informado (de los sujetos) sino que activamente los engañaron y no dieron tratamiento con penicilina a los que estaban infectados con sífilis y gonorrea", resumió la experta.

"Nunca sabremos a ciencia cierta la motivación pero lo que muestran estos documentos históricos es impactante y da qué pensar", observó Guttman, también rectora de la Universidad de Pensilvania.

Durante el encuentro, el científico Stephen Hauser dijo que 83 personas murieron pero, al igual que Gutmann, subrayó que no se sabe cuántos de ellos fallecieron debido a los experimentos.

"Hubo un esfuerzo claro y deliberado de engañar" a los sujetos de los experimentos, a la comunidad científica y a la comunidad en general, dijo Hauser, un científico de la Universidad de California en San Francisco.

Según Hauser, aproximadamente 5.500 individuos participaron en los experimentos. Fueron divididos en dos grupos: los que fueron sometidos a estudios de diagnóstico y los que recibieron inoculación intencional con los patógenos.

Así, poco más de 1.300 individuos fueron expuestos a las enfermedades venéreas, mediante contacto directo con personas infectadas o inoculación.

De estos, menos de 700 recibieron "algún tipo de tratamiento", según los más de 125.000 documentos analizados por la comisión.

Hauser explicó que el objetivo principal del experimento de inoculación con la gonorrea era "probar la eficacia de una variedad de medidas profilácticas, incluyendo varias lociones químicas, así como la penicilina por la vía oral".

También se pretendía entender los cambios en la sangre y en el cuerpo tras la inoculación de la sífilis y determinar si éstos variaban dependiendo de si el contagio provenía de conejos enfermos o de personas infectadas con el patógeno.

Hauser indicó que hubo dos tipos de pruebas: una de carácter serológico -se estudiaba la sangre y demás fluidos de los sujetos- y la otra de "exposición intencional" a través de las inoculaciones.

La exposición intencionada, que incluyó 50 experimentos distintos con gonorrea y sífilis, se produjo tanto mediante prostitutas infectadas como a través de inyecciones directas con estos organismos, explicó.

Para Gutmann, un aspecto "chocante" de todo esto es que los mismos investigadores que fueron a Guatemala ya habían hecho pruebas con gonorrea en presos de la cárcel de Terre Haute (Indiana) en 1943 y allí sí les informaron y pidieron su consentimiento.

En Guatemala, a propósito, "ignoraron" y "violaron" ese requisito, subrayó.

Mañana martes, la comisión -que no tiene en su cometido recomendar posibles reparaciones a las familias de las víctimas- revisará las recomendaciones de un panel de expertos internacional sobre la eficacia de los reglamentos federales respecto a ensayos con sujetos humanos.

La misión del grupo es investigar los experimentos, financiados entonces por los Institutos Nacionales de Salud (NIH), y determinar si existen suficientes salvaguardas para proteger a humanos en estudios financiados por el Gobierno federal.

Según el cronograma, la comisión entregará su informe a Obama a principios de septiembre, y entregará otro sobre las normas vigentes en ensayos nacionales e internacionales en diciembre próximo.

María Peña