El ex secretario de Estado Colin Powell consideró hoy que las críticas que el ex vicepresidente de EE.UU., Dick Cheney, formula contra él en su libro de memorias representan "golpes bajos".

Cheney y Powell mantuvieron una tormentosa relación durante el primer mandato del presidente George W. Bush, entre 2001 y 2005, hasta que el secretario de Estado abandonó el cargo a finales de 2004.

En su libro "In My Time", que saldrá a la venta el próximo martes, Cheney caracteriza a Powell como un secretario débil.

En declaraciones en el programa "Face The Nation", de la cadena CBS, Powell respondió esas críticas al asegurar que Cheney "ha tenido una carrera larga y distinguida y espero que se centre en eso en su libro, no en esos golpes bajos que me está dirigiendo a mí y otros miembros de la Administración que hicimos nuestro trabajo lo mejor que pudimos para el presidente Bush".

El libro del ex vicepresidente, "por lo que he visto en la televisión y leído en los periódicos, básicamente es un refrito de cosas que pasaron hace siete u ocho años", declaró el ex secretario de Estado.

Entre otras cosas, Cheney insinúa que la dimisión de Powell se debió a presiones suyas, algo que el ex alto funcionario niega.

Según el ex secretario, él y Bush siempre tuvieron claro que sólo permanecería en el cargo cuatro años.

El ex vicepresidente también dibuja a Powell como alguien más preocupado de divulgar sus consejos ante la prensa que ante el presidente.

Bush "sabe que le decía lo que pensaba de cada asunto diario", respondió Powell, que recordó que fue él quien advirtió al presidente que tendría que asumir la responsabilidad de lo que ocurriera si decidía invadir Irak en 2003.

Según explicó, cuando él abandonó el puesto "estaba claro que el equipo no funcionaba como equipo".

"Teníamos puntos de vista diferentes, y no sólo puntos de vista, que no podían ponerse de acuerdo. Así que le dije al presidente que me marcharía después de las elecciones, a final de año, y que tendría que examinar el equipo entero para resolver esos problemas", agregó.

El ex alto funcionario arremetió también con Cheney por el modo en que promueve su libro, del que ha asegurado que sus revelaciones "harán explotar cerebros en Washington".

"No es necesario meterse así con la gente.... Creo que va un poco lejos. Creo que Dick se pasó con ese comentario, si es así como piensa vender el libro", agregó.

El ex vicepresidente, uno de los hombres más poderosos durante el mandato de Bush, entre 2001 y 2009, carga en su libro también contra el "número dos" de Powell en el Departamento de Estado, Richard Armitage, y contra la sucesora del secretario, Condoleezza Rice, a la que acusa de "ingenuidad" por tratar de llegar a un acuerdo con Corea del Norte sobre el programa nuclear de ese país.

Cheney defiende también con energía los métodos empleados en los interrogatorios en la lucha contra el terrorismo como el uso de prácticas como la simulación de un ahogamiento, conocido como "waterboarding".

Cheney defiende estas prácticas a las que se refiere como "interrogatorios duros" y rechaza el calificarlos como "tortura" porque según explica se consiguió extraer información que salvó vidas.

El ex vicepresidente apunta también con ironía que el actual presidente, el demócrata Barack Obama, no ha conseguido cerrar la prisión de Guantánamo, como había prometido, y se muestra en contra de su decisión de traer a casa los 33.000 soldados adicionales que envió en 2009 a Afganistán en septiembre de 2012.

Cheney, que cuando llegó a la Casa Blanca había sufrido cuatro infartos, revela asimismo que tenía preparada una carta de dimisión secreta para que en caso de que le diera un infarto o sufriera una apoplejía uno de sus ayudantes se la entregara a Bush.

El ex vicepresidente revela que en 2010, ya fuera del Gobierno, estuvo inconsciente varias semanas a raíz de una operación de corazón, un periodo durante el cual tuvo un sueño prolongado de que vivía en una villa en Italia.