Los fiscales federales casi han concluido su juicio contra una banda que traficaba armas a México en un caso en el que terminaron procesados el alcalde, el jefe de la policía y un regidor de esta localidad apacible y polvorienta.

La villa de Columbus, fronteriza con México, es un lugar en cuyo campo se cultivan chiles (ajíes) y donde aparentemente coexisten en paz y sin miedo los agricultores y los desplazados de la violencia del narcotráfico en el país vecino del sur.

Sin embargo, la nueva alcaldesa Nicole Lawson afirma que la terminación del caso con las sentencias será poco consuelo para Columbus.

La localidad perdió imagen, reputación y su sentido de confianza, y fue puesta al borde de la ruina financiera por sus ex titulares que ahora son enjuiciados por confabulación.

Esta "es apenas la punta del iceberg", dijo Lawson, ex empleada de la ciudad y candidata perdedora a la alcaldía. Lawson fue nombrada para que tomara las riendas de la villa después de que el alcalde Eddie Espinoza, el ex regidor Blas Gutiérrez y el jefe de la policía, Angelo Vega, quedaron acusados de contribuir al envío de más de 200 armas de contrabando a México.

Los ex funcionarios hoy encarcelados también dejaron en un desastre la contabilidad de la ciudad. El departamento de la policía fue cerrado para economizar y Lawson dijo no tener idea del número de armas, chalecos protectores y computadoras que se han perdido.

El suministro del agua y el servicio del alcantarillado continúan funcionando sólo porque una empleada de la ciudad despedida aporta su tiempo como voluntaria para mantener activos los subsidios. Las actividades de esparcimiento fueron canceladas para la mayor parte de la temporada veraniega.

Las horas de trabajo fueron reducidas y las prestaciones eliminadas para la mayoría de los 15 empleados restantes de la ciudad.

La misma Lawson — que es además una de las tres técnicas de emergencias médicas en servicio de guardia siete días a al semana — dijo que aporta 100 horas semanales de esfuerzos para salvar de la bancarrota a la ciudad.

"Es horrible. Estas personas (ex empleados) no sólo vieron su confianza mancillada por la gente que se supone debía servirlas y protegerlas, sino que perdieron sus ingresos totalmente y ya no tienen atención médica.

"Estas personas quedaron al margen", dijo Lawson, y sin embargo algunos continúan trabajando.

Columbus saltó a la notoriedad la anterior ocasión en 1916, cuando la atacó el caudillo mexicano Pancho Villa, durante la Revolución.

Ni las dificultades financieras ni las acusaciones de conducta indebida de funcionarios son nuevas en esta comunidad, que tiene una población de 1.800 personas y su mayoría de viviendas son de un nivel, dispuestas en una cuadrícula sobre las planicies del desierto de Chihuahua. Columbus está rodeada por cordilleras en sus cuatro flancos.

La ex alcaldesa y dueña del hotel Martha's Inn, Martha Skinner, dijo que apenas terminaba de sanear las finanzas en la oficina de su predecesor — sorprendido en malversación — cuando Espinoza la derrotó en 2006.

"Ya no quiero saber más. No lo soporto", expresó Skinner.

Sin embargo, el caso actual es espeluznante en particular debido a que los cargos rebasaron las artimañas municipales tradicionales, como la malversación, a causa del envío de armas por la frontera hacia México, un país al que asuela la violencia.

"Me sorprendieron los motivos" por los cuales fueron arrestados (los ex funcionarios), dijo Martha Rodríguez, dueña de la Hacienda de Villa, el otro hotel la ciudad. "Considero un golpe el abuso del poder. Soy mexicana y cuando uno ve a un mexicano volver a las mismas cosas de allá es horrible. Una desea que las cosas mejoren".

En efecto, casi todos en Columbus — donde cerca de 90% de la población es hispano — tienen algún vínculo con la localidad vecina del otro lado de la frontera, Palomas, México, donde han ocurrido secuestros, decapitaciones y otros actos de violencia del narcotráfico.

Sin embargo, a la fecha, la frontera ha persistido como una demarcación invisible a la que no ha cruzado la violencia.

Javier Lozano, ex comandante policial mexicano en Palomas y quien tiene numerosos enemigos, se estableció como juez municipal elegido en Columbus, donde está mas seguro. También ayuda a su esposa, Skinner, en el negocio del hotel. Lozano dice que todavía va a Palomas pero con mucho cuidado.

A unas manzanas de distancia, un hombre que — según Lozano — huyó de México, donde abandonó sus propiedades, administra tranquilamente su restaurante. Lozano dijo que sería mortal para el restaurantero que intentara viajar los 4,8 kilómetros (tres millas) hasta Palomas.

En contraste, Lawson no recuerda cuándo ocurrió el anterior homicidio. No ha habido uno desde que ella llegó en 2002. Ha habido algunos robos a casas y unos cuantos vehículos estacionados fueron baleados, dijo.

Así que suprimir la fuerza policial de tres agentes fue tal vez una de las decisiones menos complicadas que tomó Lawson. El jefe de la policía del condado patrulla los derredores y los vehículos de la Patrulla Fronteriza se avistan con más frecuencia que las personas mismas.

Aguardan muchos desafíos a Columbus, expresó la alcaldesa Lawson.

La localidad prácticamente crea registros financieros nuevos para los últimos años. Las deudas se abultaron y la bancarrota está cerca. Las entidades que entregan subsidios exigen el reembolso de unas facturaciones fraudulentas, entre ellas una de 24.000 y otra de 26.000 dólares.

"En este preciso momento sólo podemos planificar a una semana", afirmó. "En la actualidad tenemos unos 42.000 dólares".

Esa cifra parecería adecuada, pero está vencido el pago de 85.000 dólares por el seguro de la ciudad para el año fiscal que comenzó hace dos semanas.

"Si podíamos tener un desastre, lo hemos tenido", afirmó. "Cada vez que arreglábamos algo, salían más cosas".

Por ejemplo, dijo, la localidad descubrió en fecha reciente que los impuestos sobre los ingresos brutos no habían sido recaudados o pagados de manera adecuada durante varios años.

"Así que nos entregamos (ante las autoridades fiscales)", dijo la alcaldesa. "Esperamos que nos condonen las multas y otras sanciones por esa falta".

En tanto, se acerca a su desenlace el proceso del contrabando de armas contra los ex funcionarios de la localidad.

Vega, el jefe policial suspendido, cambió hace varios días su declaración a culpable en cuanto a los cargos de complot para contrabando y corrupción. Vega fue el último de los tres funcionarios locales que se declara culpable en el caso en el que todos, salvo dos de los 14 procesados, reconocieron su implicación en el asunto.

En la acusación formal jamás se precisó quién, en el otro lado de la frontera, recibía las armas, sólo se afirma que éstas cruzaban hacia México, donde el mercado lo conforman grupos narcotraficantes. Vega afronta 35 años de cárcel; Espinosa, 68 años, y Gutiérrez, casi 300 años.

Lawson dijo que había votado a favor de Espinoza y trabajó para él. Señaló que no tiene certeza de cómo fue que se descompusieron las cosas.

"Supongo que comenzó por hacer las decisiones equivocadas. Yo creía en él. El tenía gran potencial", dijo Lawson, a quien designaron los regidores de la localidad para que concluya el periodo de alcalde de Espinoza. "Espinoza pudo haber sido el mejor de los alcaldes".