Cada noche durante la cena, José Placencia disfruta una copa de vino con su esposa y amigos. Placencia disfruta el sabor, las conversaciones que genera y cómo el vino acentúa o suaviza los sabores de la comida mexicana.

El vino nunca fue parte del menú cuando Placencia era pequeño en el Central Valley, en California, donde sus padres, nacidos en México, recogían cosechas, incluyendo uvas. Hoy, en la hacienda de Placencia en las laderas de Sierra y en las casas de otros hispanos del área, las botellas de vino suelen estar junto a platos de quesadillas y carne asada.

"Cuando yo era niño, el vino era inexistente para los latinos", dijo Placencia. "Ahora es mucho más popular. Los latinos de mi generación beben vino con regularidad y es algo usual en sus comidas".

Estudios muestran que el consumo de vino entre los hispanos ha crecido mucho en los últimos cinco años, mucho más rápido que el del resto de la población. El número de copas de vino consumidas por hispanos por mes aumentó casi 50% entre 2005 y 2010, mientras que en el resto de la población el aumento fue de 16%, de acuerdo con un sondeo de la firma de estudios del consumidor Experian Simmons.

A medida que los consumidores hispanos destapan más tintos y blancos, la industria vinícola está tratando de atraer a más integrantes del mayor grupo étnico en Estados Unidos. Varios productores han lanzado campañas publicitarias dirigidas a los latinos. Y la asociación vinícola de California tiene planeado centrar en ese sector su próxima competencia y cata de vinos.

Parte de lo que está impulsando el incremento en el consumo es puramente demográfico: los hispanos representaron más de la mitad del crecimiento poblacional en Estados Unidos en la última década. El otro factor: un cambio socioeconómico y cultural entre las generaciones de latinos más establecidas.

"A medida que los gustos de los consumidores latinos se vuelven más refinados, a medida que cambian sus paladares, con el aumento de su educación y su afluencia, ellos están bebiendo más vino", dijo John Hernández, director ejecutivo de la Cámara Hispana de Comercio del Centro de California, con sede en Fresno.

Hernández, un mexicano-estadounidense de tercera generación, ve a otros latinos — que forman 50% de la población en el condado de Fresno — disfrutando vino en fiestas, cenas, reuniones de trabajo, asados familiares e incluso catas.

"Hemos pasado de recogedores de uvas a bebedores de vino", dijo.

Placencia, que nació en el pequeño pueblo agrícola de Cutler y recogió uvas de niño, no estuvo expuesto al vino hasta que se mudó a San Francisco para estudiar en la universidad. Allí conoció a personas que le mostraron los viñedos de los valles de Napa y Sonoma. Placencia asistió a recorridos por viñedos y bodegas, habló con enólogos y se "enamoró" del vino. Incluso convenció a sus padres a que lo probasen.

El cambio fue fácil, dijo, porque el vino se lleva perfectamente con la cocina hispana. Entre los favoritos de la familia están las enchiladas suizas con salsa verde pareadas con viognier, tostadas con carne de res molida con chardonnay o carne asada estilo ranchero con un serat o un zinfandel.

"Le añades un poco de col picada y cilantro a la carne y es excelente con el serat, se te derrite en la boca", dijo Placencia.

Pese al incremento, expertos de la industria dicen que el mercado hispano está básicamente inexplorado.

"Realmente no hemos hecho un buen trabajo para llevar nuestro producto a ese sector demográfico", dijo Peter Vallis, director ejecutivo de la Asociación de Productores de Vino del Valle de San Joaquín. "Dado el crecimiento del segmento hispano del mercado, parece lógico que encontremos qué quieren beber".

El grupo de Vallis, que representa a más de la mitad de la industria vinícola de California, se ha asociado con la Cámara Hispana para formar un panel de jueces latinos que ayude a seleccionar los mejores vinos del estado. Los resultados, dijo, ayudarán a la industria a promover mejor vinos para ese sector.

Algunos productores ya lo están haciendo.

Beringer Vineyards, basado en Napa, lanzó una campaña que incluye comerciales televisivos en español y programas educacionales en cadenas hispanas en el sur de California, eventos de cata y muestras en español en supermercados latinos y cadenas nacionales de supermercados con una amplia base de clientes hispanos.

"Los hispanos son uno de las sectores de mayor crecimiento entre los aficionados al vino, así que decidimos mostrarles nuestros clásicos vinos", dijo Francesca Schuler, principal ejecutiva de mercadeo para Beringer.

La compañía no se limitó a traducir sus materiales al español, dijo Schuler. En lugar de ello, diseñó su mensaje para centrarlo en las tradiciones familiares, una parte integral de la cultura latina.

Tras una exitosa prueba el pasado fin de año — las ventas en algunas tiendas superaron las del mercado general, dijo Schuler — Beringer planeaba lanzar la misma campaña en el resto de California y más adelante en el año en Texas y Nueva York.

Banfi Vintners, un importador de vinos a Estados Unidos, ha colocado vallas con anuncios en español en el sur de Texas. La campaña fue motivada por un crecimiento en el mercado mayormente hispano alrededor del área metropolitana de Dallas-Fort Worth, dijo Charles Dellavecchia, director de la sección de vinos europeos de Banfi.

La campaña resultó en un incremento porcentual en dobles dígitos en las ventas y va a ser extendida a otros mercados, dijo.

La mayor gestión para alcanzar a los consumidores hispanos ha sido realizada por vinateros latinos, dijo Sandra González, fundadora de Vino con Vida, una compañía de educación sobre vino con sede en Sacramento. Los productores hispanos están aprovechando a vecinos y familias, estableciendo lazos con organizaciones latinas y educando a los hispanos sobre el vino.

"Los consumidores latinos están buscando a vinicultores latinos", dijo González. "Sienten que conocen su historia, porque es como su propia historia, la historia de inmigrantes con la que sienten afinidad".

González dice que es importante también resaltar la contribución de los latinos a la industria vinícola.

"Si no fuera por los latinos", dice González, "¿existiría una industria vinícola?"