Muchas tiendas en Nueva York estuvieron cerradas el fin de semana debido a la cercanía del huracán Irene, pero pese a la tensión que imperaba en la ciudad, algunas tenían letreros cómicos dirigidos a la clientela.

"Culpe al encargado de dar el parte meteorológico, no a nosotros", decía uno. "Evidentemente, 'El Show debe continuar' no significa nada para Irene", señalaba otro.

Sin embargo, los vecindarios de compras en Nueva York aún bullieron el sábado mientras las personas se amontonaban en cualquier tienda que estuviera abierta.

En el mercado Merci, en Chelsea, hubo largas filas de personas que compraban sándwiches y platos más elegantes. Las personas llegaban a The Container Store en el centro para llevar cajas de plástico, y así poder dedicar el tiempo dentro de sus viviendas a organizar sus pertenencias. Y los padres abarrotaron la tienda Toys 'R' Us de Times Square para conseguir juguetes y juegos a fin de evitar que sus hijos se aburran.

"Es lo de siempre", dijo un funcionario de la tienda Harry Winston, el minorista de joyas exclusivas, poco después de que la tienda abrió.

El huracán, que podría alcanzar Nueva York el domingo por la mañana, llega en medio de la crítica temporada de compras de regreso al colegio, una época entre mediados de julio y septiembre que suele ser el segundo mayor periodo de compras del año. Para algunos grandes minoristas, Manhattan es particularmente importante porque puede representar hasta un 10% de sus ingresos anuales. Un fracaso podría tener un enorme impacto en las líneas de los detallistas: A nivel nacional, la firma de investigación meteorológica Planalytics calcula que Irene impedirá que 80 millones de compradores acudan a los centros comerciales este fin de semana.

"Este es el peor de los casos", dijo C. Britt Beemer, presidente del Grupo de Investigación de Estados Unidos. "Se suponía que este iba a ser un excelente fin de semana para los minoristas de ropa".

El sábado, algunas grandes cadenas como Macy's y J.C. Penney reconocieron su derrota y mantuvieron sus puertas cerradas. Mientras tanto, algunas tiendas familiares y minoristas especializados intentaron salvar las ventas durante el fin de semana. Independientemente de lo que hicieron el sábado, sin embargo, la mayoría de las tiendas planeaban permanecer cerradas el domingo.

Angel Estrada, quien trabaja en una tienda de vinos en Harlem, dijo el sábado que planeaba mantener la tienda abierta hasta la medianoche como de costumbre. El local superó el doble de sus ventas habituales el viernes, y Estrada repitió las palabras de otros trabajadores de pequeños negocios cuando dijo que no quería perderse las ventas de la noche del sábado. Para las 10 de la mañana, unos seis clientes habían llegado a la tienda, incluyendo a Latonya Robertson, quien llevó cuatro botellas de vino por 20 dólares.

"Esto no es nada para mí", dijo Estrada, quien es de República Dominicana, un país propenso a los huracanes. "Y ayer fue un día muy agradable para la tienda".