Damián Martin partió en su modesto carro Nissan cargado hasta el tope hacia Washington, Indiana. Un pueblo de apenas 12,000 almas en un rincón del medio oeste estadounidense. Deja atrás dos décadas con su familia en la muy cosmopolita Los Angeles y se encamina solo hacia un futuro indefinido.

La misma semana que Martin partía hacia su nueva vida, en una de mis clases yo presentaba a mis estudiantes la famosa foto de Iwo Jima en la que seis infantes de marina levantan una bandera en medio de una de las batallas más cruentas en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial. Hablamos de héroes que dieron su vida por la libertad y la democracia.

En clase también hablamos acerca de esa otra gente común y corriente que todos los días concreta eventos extraordinarios, pero no son reconocidos públicamente. A diferencia de los soldados de Iwo Jima que terminaron inmortalizados en la fotografía de Joe Rosenthal, en una película de John Wayne y en innumerables libros de historia, los otros héroes, que humildemente realizan sus proezas porque consideran que lo que hacen es correcto y apropiado, de esos casi nunca escuchamos nada y sus logros solamente quedan inscriptos en las anécdotas y la historiografía familiar que con el tiempo se esfuma para siempre.

A Damián Martin en Los Angeles lo van a recordar por muchas cosas. Para sus amigos es un gigante dispuesto a aceptar, literalmente, los golpes más duros, como lo atestiguaron aquellos que lo vieron en peleas de la confederación de quickboxing en la que cientos lo aplaudían. O el fiel discípulo del taoísmo siempre dispuesto a debatir temas intricados de la filosofía y la política. Su familia lo recuerda como el primero en graduarse de la universidad y establecer un ejemplo para futuras generaciones de Martins. Otros, seguramente, van a pensar en él como el joven que, contrariando el estereotipo que algunos tienen del padre latino, sacrificó todo por su hija.

Ocurre que la ex mujer de Martin se mudó a Indiana con la niña. Una pequeña y hermosa criatura de cinco años. Las opciones para Martin eran bien simples: quedarse en Los Angeles y dejar que el tiempo y la distancia lo desprendiesen para siempre de su hija, o en lo que se puede calificar como un verdadero acto de entereza y responsabilidad individual aceptar perderlo todo y seguir a su hija.

En Estados Unidos se estima que 40% de los matrimonios terminan en divorcio. Esto lleva a que 24 millones de niños vivan solamente con la madre. Aunque siempre se valoró el papel fundamental de la madre en la crianza de los niños, últimamente muchos estudios resaltan las limitaciones que experimentan estos chicos que crecen sin padre. Estadísticas del 2002 del Census Bureau, por ejemplo, indican que estos jovencitos tienen una probabilidad cinco veces mayor de ser pobres.

Richard Wertheimer determinó que el 33% de los niños de jardín de infantes con menor desarrollo en tres áreas claves (salud, estado emocional y capacidad social) eran de hogares sin un padre, comparado con 22% de los chicos que viven con los dos. Esto se complica al crecer, como sugiere un estudio de Steven Cuffe que demostró que en la escuela intermedia se cuadruplica la posibilidad de desarrollar problemas emocionales, y otro de Kenneth Griffin que sugiere que al llegar a la adolescencia, tienen índices más alto de ser fumadores, abusar del alcohol y presentar conductas agresivas. John Hoffmann, por otro lado, establece una correlación con un mayor consumo de drogas.

La decisión de Martin seguramente implica un tremendo sacrificio personal, pero es el camino necesario y estratégico para proteger el futuro emocional, educativo y económico de su hija.

Nadie le va a sacar una foto a Martin, ni lo van a citar en los libros de historia, pero su hija, su familia, sus amigos, saben o sabrán algún día que lo que está haciendo es un acto de responsabilidad paterna que tendrá consecuencias fundamentales en determinar el futuro de su hija.

AOL NOTICIAS

Néstor Fantini, Ph.D. (ABD), es un educador y periodista argentino de Los Angeles. Actualmente es miembro electo del Northridge East Neighborhood Council, City of Los Angeles, y editor de la revista literaria La Luciérnaga Online (la-luciernaga.com).

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