La cifra de muertos aumentó mientras los cuerpos de rescate seguían sacando cadáveres de un casino en una ciudad del norte de México que fue rociado con gasolina para iniciar un incendio que mató al menos a 53 personas, entre jugadores y empleados.

Familiares de las víctimas se reunieron afuera del Casino Royale después del incendio del jueves en la tarde en la ciudad industrial de Monterrey, algunos llorando y otros clamando a la policía por información. Después se les permitió ver los cadáveres en la morgue para ayudar a identificarlos.

Francisco Tamayo, de 28 años y habitante de Monterrey, informó que él y otros familiares vieron unos 40 cadáveres mientras buscaban a su madre Sonia de la Peña, de 47 años, a quien le gustaba jugar en el casino y acudía al lugar cuatro días a la semana. Todavía la siguen buscando.

El gobernador del estado de Nuevo León, Rodrigo Medina, dijo a la cadena de televisión Televisa que la cifra de muertos aumentó a 53. El incendio en una ciudad que ha visto aumentar la violencia relacionada con el narcotráfico representa uno de los ataques más letales en contra de un centro de entretenimiento en México desde que el presidente Felipe Calderón lanzó una ofensiva en contra de los cárteles de las drogas en el 2006.

En su cuenta en Twitter, el presidente Calderón calificó el ataque como un "aberrante acto de terror y de barbarie" y escribió que "estos repudiables actos nos obligan a todos a perseverar en la lucha contra esas bandas de criminales sin escrúpulos".

"Esta es una noche de tristeza para México", dijo por su parte Alejandro Poiré, portavoz del Consejo de Seguridad Nacional. "Se ha cometido un acto de terror indecible, repugnante, inadmisible".

Añadió que "estos actos indecibles de terror no quedarán impunes", y que las autoridades federales estaban ayudando a las fuerzas estatales en la investigación de los hechos.

El portavoz de seguridad del estado, Jorge Domene, dijo el jueves en la noche que la cifra se había elevado a por lo menos 45 muertos.

Pero el procurador general de Justicia de Nuevo León, Adrián de la Garza, advirtió que la cifra podría aumentar y dijo que un cartel de narcotráfico aparentemente fue responsable del ataque. Los carteles mexicanos frecuentemente extorsionan a los casinos y otros negocios. Muchas veces los atacan y queman sus edificios si se rehusan a pagar.

Elementos de la policía estatal dijeron que algunos sobrevivientes narraron que dos decenas de hombres entraron al casino, aparentemente para robarlo y comenzaron a rociarlo con gasolina de tanques que llevaban con ellos. Los oficiales no quisieron dar su nombre por razones de seguridad.

Con gritos e insultos, los atacantes le pidieron a los clientes y empleados que se salieran, pero horrorizados por el comando, muchos se metieron al fondo del edificio y quedaron atrapados.

El alcalde de Monterrey, Fernando Larrazábal dijo que muchos clientes y empleados se encerraron en los baños del casino para escapar de los hombres armados y ahí perecieron.

La residente de Monterrey, María Tomas Navarro, de 42 años, estaba llorando en las afueras del edificio del casino en espera de oír algo sobre su hermano Genaro Navarro Vega, de 25 años, quien trabajaba en el área de bingo.

Navarro dijo que llamó al celular de su hermano "pero no me contestó, no sé lo que está pasando", dijo. "No hay nadie a quien preguntarle".

Larrazábal dijo que el casino, localizado en una zona próspera de Monterrey, había sido cerrado en mayo por ampliar el edificio sin permiso.

Monterrey, capital del estado norteño de Nuevo León y a unos 900 kilómetros al norte de la ciudad de México, se ha visto afectada en los últimos años por la violencia atribuida a una disputa entre los carteles de las drogas del Golfo y Los Zetas.

Policías municipales, estatales y elementos del ejército llegaron hasta el lugar para resguardar la zona y buscar a personas posiblemente atrapadas en el lugar. Bomberos intentaban combatir el fuego.

El Casino Royale fue blanco de un ataque por parte de hombres armados el 25 de mayo.

Norma Reyes, de 45 años, fue una de las personas que recibieron buenas noticias el jueves. Su hijo la llamó incluso antes de que ella hubiera escuchado sobre el incendio y le dijo que estaba bien. Jonathan Reyes, de 25, y que trabajaba como supervisor de área, dijo a su madre que estaba en el hospital tratando de averiguar qué ocurrió con sus compañeros.

"Dios nos protegió hoy", dijo ella.

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