En momentos en que los estudiantes se aprestan a regresar a los campus de Georgia, una nueva política del estado le ha cerrado las puertas de las cinco universidades más competitivas a los inmigrantes sin papeles, pero un grupo de profesores está dispuesto a ofrecerles lo que el estado les niega.

Cinco profesores de la Universidad de Georgia (UGA) iniciaron un programa que llaman Freedom University (o Universidad de la Libertad), por el cual una vez a la semana dictan cursos rigurosos, similares a los de las mejores universidades.

"Están pensados para las personas que en este momento no tienen otras opciones", expresó Pam Voekel, profesor de historia de la UGA y uno de los promotores del programa.

La Junta de Regentes del sistema universitario dispuso este año que ninguna universidad estatal que haya rechazado candidatos con buenos antecedentes académicos puede admitir personas sin papeles.

La disposición abarca a la Universidad de Georgia, Georgia Tech, la Universidad Estatal de Georgia, la Universidad Médica de Georgia y la Georgia College & State University.

Los inmigrantes sin papeles pueden ser admitidos por otras universidades si pagan matrículas de no residente en el estado, que son mucho más costosas.

La medida respondió a denuncias de que las universidades públicas de Georgia estaban llenas de extranjeros que vinieron al país ilegalmente y desplazan de las aulas a los residentes legales, y que los contribuyentes subsidian su educación.

Un estudio de la Junta de Regentes del año pasado, no obstante, reveló que menos del 1% del alumnado son inmigrantes sin papeles y que sus matrículas de no residente cobren con creces su educación.

"Esperamos que las personas con poder de decisión reconsideren esta política", expresó Reinaldo Román, otro de los profesores involucrados en la iniciativa. "Va en contra de nuestra prédica. Hemos invertido grandes recursos en estos jóvenes. Es lógico darles la posibilidad de una educación".

Por ahora los cursos simplemente exponen a los estudiantes a un ambiente universitario y les permiten madurar intelectualmente. No representarán créditos si el estudiante es admitido en alguna universidad, aunque los profesores dicen que están tratando de cambiar eso y de que esos cursos sí reciban créditos. (En la educación estadounidense, cada materia representa una cierta cantidad de "créditos")

Los cinco profesores que pusieron en marcha el programa son de la UGA, pero dicen que el programa no tiene conexión alguna con esa institución.

La UGA dijo que cualquier comentario sobre el asunto debía provenir de la Junta de Regentes. El portavoz de la junta, John Millsaps, dijo que los integrantes de la facultad pueden hacer lo que quieran en su tiempo libre, siempre y cuando sus otras actividades no interfieran con sus responsabilidades como empleados del sistema educativo. Pero indicó no saber lo suficiente acerca del programa como para hablar de ese tema en específico.

Luego de dar forma al proyecto --que fue sugerido por un inmigrante sin papeles que trabaja mucho con estudiantes que están en el país ilegalmente--, se pusieron en contacto con profesores de prestigiosas universidades de todo el país a los que les pidieron que aceptasen integrar una comisión nacional de asesores.

Uno de ellos fue Junot Díaz, profesor del Massachusetts Institute of Thecnology y quien ha ganado un Premio Pulitzer, que describe la política de negarle una educación a los extranjeros sin papeles como cruel y destinada a generar divisiones. Dijo que hará lo posible para que el programa Freedom University sea un éxito.

"Lo que me pidan. Haré todo lo que esté a mi alcance", expresó en un correo electrónico. "Esta va a ser una batalla prolongada".

El programa no cuesta mucho, ya que los profesores donan su tiempo y una organización comunitaria de hispanos aporta un local. Además se abrió una página en Amazon.com en la que se pide a la gente que done textos de estudio y tarjetas de gasolineras para los voluntarios que transportarán a los estudiantes a las clases.

Al participar en una reciente protesta contra la política de la UGA, Karl Kings, de 25 años, parecía un estudiante listo para ir a clases. Sin embargo, es un extranjero que fue traído ilegalmente a los Estados Unidos cuando tenía un año, de un país asiático que se negó a identificar.

"Soy básicamente un georgiano, excepto que no nací aquí", expresó. "Pero pasé toda mi vida aquí".

Luego de completar la escuela secundaria en un suburbio de Atlante en el 2004, soñó con ir a la universidad, pero no pudo pagar las matrículas de no residentes. Trabaja en lo que puede y ha tenido que rechazar algunas oportunidades laborales interesantes porque no tiene papeles. Piensa tomar cursos en el programa Freedom University.

El primer curso, Civilización Estadounidense, comenzará el 8 de septiembre. Los cinco profesores se rotarán en las clases. Se espera aceptar a todo el que solicite su admisión, salvo que lleguen tantas solicitudes que no haya espacio para admitirlas todas, indicó Lorgia García Pena, otra de las profesoras.

Leeidy Solís, una mexicana de 16 años que fue traída al país ilegalmente por sus padres cuando tenía dos años, cursa la secundaria en Athens y dice que quiere ser veterinaria. Le resulta duro escuchar a sus compañeros cuando hacen planes para la universidad pues no sabe si podrá cursar estudios universitarios. Está viendo si puede conseguir alguna beca o subsidio para costear los gastos.

Sus padres están considerando la posibilidad de regresar a México y le dicen que debería irse con ellos e inscribirse en la universidad allí. Pero ella ni se acuerda de México. Todos sus amigos están aquí y se identifica con esta cultura. Quiere quedarse.

Dice que tomará en cuenta la Freedom University.

"Por más que no den créditos, podemos experimentar lo que es una clase universitaria", expresó.