En los papeles, parecía que el cultivo de arroz en las fértiles llanuras orientales de Bolivia era un negocio redondo para Jacob Ostreicher, un judío ortodoxo de la ciudad de Nueva York, y su socio suizo.

El precio de la tierra era casi un regalo y los peones cobraban muy poco. Calcularon que podrían duplicar la inversión inicial de 25 millones de dólares en menos de cinco años. Y podían manejar las cosas desde lejos porque tenían una agente local muy competente.

Por lo menos eso es lo que pensaron.

El grandioso plan, sin embargo, resultó una pesadilla.

Ostreicher está encerrado desde hace casi tres meses en una cárcel atestada de Santa Cruz mientras las autoridades lo investigan por presunto lavado de dinero.

El estadounidense dice que fue embaucado por su agente local, una colombiana que tenía una relación amorosa con un narcotraficante brasileño.

Ostreicher es apoyado por una agrupación boliviana defensora de los derechos humanos que dice que los fiscales actuaron de manera sospechosa en un caso que involucra grandes sumas de dinero. Asegura que incluso están tratando de vender por su cuenta cantidades de arroz valuadas en millones de dólares.

La policía de Nueva York dice que Ostreicher no tiene antecedentes penales que se conozcan. Diplomáticos estadounidenses que lo visitan periódicamente en la cárcel de Palmasola plantearon el caso ante varios ministros bolivianos, expresando temor de que se incurra en abusos judiciales.

El fiscal del caso, que convenció a un juez de que dictase la prisión preventiva de Ostreicher, dice que el sospechoso no ha podido demostrar que el dinero que invirtió lo obtuvo por medios legales.

"En ningún momento se ha violentado ninguno de sus derechos", declaró el fiscal Roberto Acha a la AP. No obstante, aún no se sabe con precisión cuándo tendrá Ostreicher su próxima audiencia judicial.

Ostreicher, de 52 años, y su esposa, Miriam Ungar, dicen que los fiscales nunca han solicitado pruebas de la legalidad del dinero, y que sospechan que funcionarios inescrupulosos están tratando de dejarlos sin un centavo. Ella asegura estar desconcertada ante tanta manipulación.

"El infierno es un sitio agradable" comparado con Bolivia, sostuvo Ungar.

Ostreicher, quien tiene una compañía que instala pisos en Brooklyn, dice que ha cooperado con las autoridades de buena fe, incluso cuando le advirtieron que podría incriminarse.

"Fue honesto, respondió a todo lo que le preguntaron y ellos tratan de usarlo en su contra", sostuvo Ungar.

Al margen de su seguridad en una cárcel controlada por sus 3.200 reclusos, lo que preocupa a Ostreicher es la posibilidad de perder las más de 12.000 hectáreas que compraron sus inversionistas y 20.000 toneladas de arroz confiscadas por las autoridades. Ungar, por otra parte, dice que le sigue pagando sus sueldos a 88 empleados.

El administrador de la empresa Ronny Suárez dijo que la agencia estatal a cargo de los bienes mal habidos confiscados, DIRCABI, llamó el miércoles a compañías de transporte para recoger el arroz.

"Quieren confiscar todo para poder venderlo", sostuvo.

Una mujer que atendió la oficina local de DIRCABI dijo a la AP que la agencia no estaba autorizada a comentar investigaciones en curso. No quiso dar su nombre.

La aventura boliviana de Ostreicher comenzó en el 2008, cuando las relaciones entre Estados Unidos y el gobierno de Evo Morales estaban en franco deterioro.

El gobierno izquierdista de Morales había expulsado al embajador estadounidense ese año, tras acusarlo de apoyar a fuertes sectores de Santa Cruz opuestos al gobierno, y comenzó a confiscar grandes haciendas de los llanos orientales, incluida la del estadounidense Ronald Larsen, quien llevaba cuatro décadas en Bolivia. Las autoridades afirmaron que Larsen explotaba a sus trabajadores.

Ostreicher y su socio suizo, Andre Zolty, no hablan español y jamás habían estado en Bolivia hasta entonces.

Depositaron su confianza en una joven colombiana que Solty conocía de su época de estudiante de administración de empresas en Suiza. La mujer, Claudia Liliana Rodríguez, de 35 años, contó que pertenecía a una familia adinerada.

Ostreicher y Zolty dicen que Rodríguez les robó millones. Siempre que le pedían información, afirman, ella se ofendía y amenazaba con renunciar.

Luego de varios viajes a Bolivia para tratar de aclarar las cosas, en los que Rodríguez los evitaba a como diera lugar, los inversionistas dijeron que finalmente se enteraron de lo que sucedía y de cómo ella se quedaba con su dinero y compraba maquinaria y mercadería a crédito, además de poner tierras a su nombre.

Rodríguez plantó arroz en tierras que, según ella, había comprado para los inversionistas, pero que en realidad seguían perteneciendo a un traficante de drogas brasileño llamado Maximiliano Dorado y a un hermano menor, según los inversionistas. Rodríguez pagó por las tierras con un cheque personal, sin fondos, de 3,5 millones de dólares, y jamás les dijo que los estaba involucrando con un peligroso delincuente.

"Max" Dorado se había fugado en el 2001 de una cárcel en la que cumplía una condena a 15 años por tráfico de drogas, asesinato y lavado de dinero, de acuerdo con la policía brasileña.

Cuando los inversionistas se dieron cuenta de que estaban cultivando arroz en tierras de Dorado, tanto él como Rodríguez desaparecieron.

Dorado fue capturado por la policía y deportado a Brasil en diciembre. Los Ostreicher dicen que Rodríguez lo había traicionado tras una disputa en torno a la hacienda.

"Eso fue lo que hizo que nos involucrásemos en todo esto", afirmó Ungar.

Cuando la policía boliviana allanó la hacienda, "le preguntaron a los trabajadores para quién trabajaban y ellos dijeron que trabajaban para nosotros".

Para entonces Ostreicher había despedido a Rodríguez y la había demandado. El y su socio publicaron un aviso a toda página en el principal diario de Santa Cruz en marzo para dar la noticia.

Ostreicher dijo por teléfono desde la cárcel que cuando los fiscales lo contactaron por primera vez ese mes, se mostraron cordiales, aunque les pidieron que les pagase el almuerzo.

En mayo, Rodríguez regresó a Santa Cruz y fue arrestada, acusada de lavado de dinero. Después fue transferida a una prisión en la capital, La Paz, y la AP no pudo localizar a su representante legal. Una secretaria del juez que lleva el caso de Rodríguez dijo que sabía el nombre del abogado.

Menos de una semana después del arresto de Rodríguez, fiscales allanaron la oficina de Ostreicher, llevándose computadoras, teléfonos celulares y cientos de documentos. El 3 de junio, el estadounidense fue arrestado.

Acha y otro fiscal le dijeron al juez que ordenó el encarcelamiento de Ostreicher que Zolty, el principal inversionista, estaba siendo investigado por las autoridades suizas por lavado de dinero, según una transcripción de la audiencia obtenida por la AP.

La policía suiza, no obstante, confirmó la autenticidad de un documento emitido el 6 de junio a solicitud de Zolty, según el cual el empresario no está siendo investigado en su país.

Zolty, por otra parte, no ha sido acusado de delito alguno y se encuentra en Suiza.

Los fiscales bolivianos también le dijeron al juez que ni Ostreicher ni Zolty habían demostrado que el origen de su dinero fuese legítimo.

La oficina de Santa Cruz del Comité Permanente de Derechos Humanos, una respetada organización independiente, ha estado asistiendo a los Ostreicher. Su vicepresidente, Carlos Cortez, está convencido de que fueron "utilizados y estafados" por Rodríguez.

Miriam Ungar, mientras tanto, dirige su empresa de seguros desde Santa Cruz para poder acompañar a su marido, a quien le lleva sus comidas kosher. Ostreicher es el único reo de la cárcel de Palmasola con una dieta especial por sus creencias religiosas.

"Tengo que llevarle porciones dobles de todo, porque el guardia se queda con la mitad", afirmó Ungar.

Ostreicher dice que no sólo es el único judío practicante de Palmasola. Es además el único estadounidense.

El rabino de Brooklyn Saul Klein dijo que algunos rabinos locales tratan de hallar la manera de ayudar a Ostreicher, pero reconocen que la influencia de Washington en Bolivia es poca.

"Es una persona querida", dijo Klein. "¿Qué es esto? Es una película de terror?"

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En este despacho colaboraron los reporteros de AP Frank Jordans (desde Ginebra), César García (Bogotá), Carlos Valdez (La Paz) y Stan Lehman (Sao Paulo).

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