El Festival de Películas del Mundo de Montreal aplaudió hoy el último documental sobre la periodista rusa Anna Politkovskaya, "A bitter taste of freedom", una cinta que revela la vulnerabilidad y los miedos de la reportera.

El filme, que firma la reconocida documentalista rusa Marina Goldovskaya, no es la primera cinta que se interesa por la fallecida cronista pero sí la única hasta el momento consagrada a mostrar su rostro más humano e íntimo.

Esta aproximación personal a la periodista se debe a la gran amistad que había entre ella y Goldovskaya, quien en 1991 grabó "A Taste of Freedom" ("El sabor de la libertad"), un documental sobre Politkovskaya y su familia durante la caída de la Unión Soviética.

La periodista de investigación, muy crítica con el Kremlin, fue asesinada en su casa de Moscú el 7 de octubre de 2006.

Ese mismo día Goldovskaya gestó la idea de grabar otro documental sobre su amiga: al título del primero le añadió un elocuente "bitter" (amargo), para denunciar "El amargo sabor de la libertad".

A diferencia de otros documentales anteriores sobre Politkovskaya, centrados en la cobertura de la periodista sobre el conflicto checheno y en su asesinato, "A bitter taste of freedom" habla de su vida cotidiana, de la relación con su familia y de sus más profundos temores.

"Yo no soy una periodista de guerra, soy una civil; una persona a la que le da miedo cualquier cosa que sirva para disparar", dice la propia Politkovskaya en un pasaje del documental.

Las declaraciones de la periodista en la cinta, grabadas en momentos de su vida diaria, pertenecen al documental de 1991 y son claves a la hora de mostrar la cara tierna y vulnerable de la comunicadora.

La cinta muestra también entrevistas con los familiares, amigos y compañeros de profesión de la reportera tras su asesinato, unos testimonios en los que apenas se habla del trágico suceso y que contribuyen a dibujar este retrato íntimo de la cronista rusa.

Precisamente uno de los momentos más emotivos de la cinta es aquel en el que la madre de Politkovskaya recuerda, con una álbum de fotos en la mano, que su hija "protestaba mucho desde pequeña".

En otra secuencia, la hija de la reportera defiende que, al contrario de lo que pensaba mucha gente, su madre sí tenía vida personal más allá de su trabajo.

Los testimonios de sus compañeros de oficio son diversos, como lo fueron siempre y lo siguen siendo las opiniones sobre la periodista en Rusia.

Unos defienden su coraje al criticar al Gobierno y su profesionalidad por no contar nunca nada que no hubiera visto con sus propios ojos; otros le reprochan una excesiva emotividad que, dicen, le hacía perder toda objetividad.

"Las mujeres son demasiado sensibles para cubrir una guerra, por eso ella escribía crónicas sesgadas", dice uno de los periodistas entrevistados en el documental.

Los testimonios de quienes mejor la conocían son el hilo conductor del documental, pero los momentos más reveladores de la cinta son aquellos en los que delante de la cámara sólo está una Anna Politkovskaya poco conocida hasta ahora: una mujer que juega con su gigantesco perro o que confiesa sus miedos en albornoz en una habitación de hotel.

Goldovskaya, que reside en Los Ángeles, no acudió a la presentación de su documental en el certamen canadiense, que proyectó el filme después de su reciente estreno en Nueva York, en el marco del festival Docuweeks.

El público de Montreal ha dado una gran acogida al documental, que se beneficia del enorme interés que suscita a nivel internacional la historia de la periodista.

"Yo he seguido desde hace años la historia de la reportera, y este documental me ha descubierto que, detrás de su coraza, se escondía una mujer tierna y vulnerable", dijo a Efe Myriam Richard, una canadiense que vivía en Rusia cuando asesinaron a la periodista.

"La cinta nos muestra su lado humano", señaló Roman Potachenski, un joven ruso para quien su país sigue, cinco años después de la muerte de Politkovskaya, dividido a la hora de juzgar a la periodista: "la mitad la valoran y la alaban, la otra mitad siguen sin comprenderla", concluyó.

Cristina García Casado