El dramático avance de los rebeldes libios contra las fuerzas leales a Moamar Gadafi parece vindicar, al menos por ahora, la decisión del presidente Barack Obama de evitar desplegar tropas estadounidenses en Libia y permitir que la OTAN encabezara la campaña militar contra el hombre fuerte del país norteafricano, pero la Casa Blanca aún enfrenta obstáculos.

La manera en la que Libia alcance cierta estabilidad presenta un nuevo reto para Obama y pudiera influir la opinión pública, no solamente en torno a su política exterior sino en cierta medida la economía norteamericana.

No obstante, las noticias del avance rebelde sobre Trípoli no pudieron ser más alentadoras para Obama. Había euforia en las calles de Libia, Gadafi estaba escondido y caía el precio del petróleo: un elemento del peligroso estancamiento económico norteamericano.

"La intervención en Libia demuestra lo que puede lograr la comunidad internacional cuando nos unimos", dijo Obama desde su retiro vacacional en Martha's Vineyard, Massachusetts.

Obama fue cauteloso al enfatizar que persiste la incertidumbre y que el régimen de Gadafi aún presenta una amenaza.

Llevará meses, además, para que los campos petroleros de Libia — incluso cuando el país alcance la estabilidad — produzcan suficiente crudo para reanudar las exportaciones. Cualquier exportación adicional, sin embargo, pudiera disminuir el precio de la gasolina, que ya ha bajado en más de 40 centavos por galón desde su cúspide en mayo.

En marzo, Obama apostó que la mejor manera de evitar un potencial catástrofe civil en Libia era mediante la construcción de una coalición de la OTAN y los países árabes a fin de librar una campaña militar aérea que protegiera a los ciudadanos libios de la represión de Gadafi. Su intención, empero, fue clara desde el principio: la salida de Gadafi.

El líder libio era considerado un patrocinador del terrorismo. En 1986 su régimen fue hallado responsable por el ataque con bomba contra una discoteca en Berlín frecuentada por soldados estadounidenses. Tres personas murieron en el atentado.

Dos años más tarde, un agente libio colocó un bomba que destruyó un jumbo jet de la aerolínea Pan Am mientras volaba sobre Lockerbie, Escocia.

La sublevación en Libia sigue a la muerte de Osama bin Laden a manos de un comando elite estadounidense, un gran logro para el gobierno de Obama que fortaleció su posición ante la opinión pública en torno a su manejo del terrorismo.

La remoción de Gadafi, empero, conlleva otras implicaciones. Una Libia estabilizada significaría la reactivación de la producción petrolera del país, lo cual posiblemente resultará en una reducción del costo del crudo, que subió en febrero cuando el flujo desde Libia se desplomó fuertemente.

Una y otra vez, el presidente estadounidense ha nombrado los levantamientos en el mundo árabe y el incremento del costo del petróleo como algunos de los "vientos contrarios" que han amenazado la recuperación económica.

Libia tiene las reservas petroleras más grandes de Africa. Antes de la revuelta, era el décimo segundo exportador del mundo, al enviar más de 1,5 millones de barriles diarios, principalmente a mercados europeos.

La noticia del éxito de los rebeldes abatió el crudo Brent, que es utilizado para determinar el precio de muchas variedades de petróleo en el mercado internacional. El precio del Brent bajó en 92 centavos a 107,70 dólares por barril en Londres.

"Si los precios del petróleo continúan bajando, sería una ventaja real para la economía", dijo Mark Zandi, el economista principal de Moody's Analytics. "Necesitamos todas las ventajas posibles en este momento", agregó.