El papa Benedicto XVI clausuró el domingo la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid en una multitudinaria eucaristía en la que defendió la laboral pastoral de una Iglesia muy criticada y anunció el regreso a Sudamérica de esta enorme reunión de jóvenes católicos del mundo.

Río de Janeiro tomará el relevo de Madrid en el 2013, un año antes de lo previsto para evitar que coincida con el Mundial de fútbol a disputarse en Brasil en el 2014.

Será la segunda vez en 27 ediciones que este evento se celebra en el continente latinoamericano, que concentra al mayor número de católicos del mundo. La anterior Jornada en tierras sudamericanas tuvo lugar en Buenos Aires, Argentina, en 1987.

"Pidamos al Señor que asista desde este instante con su fuerza, que allane el camino a los jóvenes de todo el mundo para que vuelvan a reunirse nuevamente con el Papa en esa bella ciudad brasileña", dijo Benedicto XVI.

Simbólicamente, un grupo de brasileños recogió la cruz de las Jornadas, un regalo del fallecido papa Juan Pablo II a los jóvenes. La organización de este gran encuentro confirma cuatro años históricos que pondrán los ojos del mundo en Brasil: la Jornada Mundial de la Juventud en el 2013, la Copa del Mundo de fútbol en el 2014; la Copa América de fútbol en el 2015, y los Juegos Olímpicos en el 2016.

"La Jornada en Brasil puede aportar gran visibilidad social", reconoció feliz Rogerio Moreira, un peregrino brasileño de 35 años. "Es una oportunidad para todos los pueblos latinoamericanos de vivir el catolicismo con el Papa y de conocer otros pueblos".

Larissa Craveiro, de 29 años, señaló que está "ansiosa, feliz y agradecida de recibir a todos los jóvenes del mundo en nuestro país. Si aquí hay dos millones de jóvenes, espero que allí vayan todavía más y lo disfruten", agregó

Tras la tormenta que arruinó gran parte de la vigilia del sábado y que dejó siete heridos, el sol volvió a lucir con fuerza en el aeródromo de Cuatro Vientos, a las afueras de Madrid, una enorme explanada equivalente a 50 campos de fútbol y sin refugios de sombra.

Sin acusar el cansancio, centenares de miles de fieles, más de un millón según los organizadores, aclamaron al pontífice a su llegada en el papamóvil para oficiar la misa que puso punto final a su visita de cuatro días al país ibérico.

En la homilía, el Papa hizo una defensa de la Iglesia — muy criticada en los últimos años por escándalos de pederastia y abusos — como parte indivisible de la fe en Cristo. Y advirtió del peligro de vivir una religiosidad alejada de la pastoral eclesial.

"No se puede seguir a Jesús en solitario. Quien cede a la tentación de ir por su cuenta o de vivir la fe según la mentalidad individualista que predomina en la sociedad, corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo", dijo el Papa en un espectacular altar de 200 metros construido para la ocasión y que simulaba ser una ola gigante .

"Tener fe es apoyarse en la fe de tus hermanos y que tu fe sirva igualmente de apoyo para la de otros. Os pido que améis a la Iglesia", agregó.

Los daños colaterales del aguacero de la víspera también se dejaron sentir la misa. La tormenta destrozó algunas carpas instaladas en el aeródromo y miles de peregrinos no recibieron la comunión al dañarse las sagradas formas.

Pero ni los contratiempos ni las inclemencias meteorológicas derribaron el espíritu de los jóvenes.

La mayoría de los peregrinos durmió en Cuatro Vientos. Incluso la organización se vio obligada a permitir la entrada de más fieles. Como si fuera un gran festival de música, todos ellos pasaron la noche en el aeródromo, rezando y durmiendo al raso en sacos de dormir.

"La noche ha sido increíble", explicó Adrinna Wista, una peregrina polaca de 21 años. "Estuvimos hablando, conociendo gente de todos los países y rezando con ellos. Increíble".

"El suelo era como rocoso y dormir ha sido bastante difícil", señaló Cristina Velasquez, una venezolana de 29 años. "Las palabras del Papa me han hecho sentir orgullosa de este sacrificio que hicimos por él y por Cristo".

Los reyes de España, Juan Carlos y Sofía, también asistieron a la ceremonia y posteriormente despidieron al Papa en el aeropuerto de Madrid antes de partir a Roma. Al hacer balance del viaje, Benedicto XVI volvió a pedir a España que no entierre la profunda herencia católica que la caracteriza.

"España es una gran nación que, en una convivencia sanamente abierta, plural y respetuosa, sabe y puede progresar sin renunciar a su alma profundamente religiosa y católica", afirmó.

Con estas palabras, el Papa cerró su tercera visita a España, que convierte al país ibérico en el más visitado en sus seis años de pontificado. En la docena de discursos pronunciados, Benedicto XVI abordó cuestiones como el desempleo, la crisis económica y, sobre todo, incidió en dos mensajes clave de su magisterio: la crítica al llamado relativismo moral y la recuperación de las raíces cristianas de Europa.

El portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, se mostró satisfecho del desarrollo de las jornadas y subrayó el empuje del veterano pontífice, de 84 años, para resistir la tormenta y acompañar a los jóvenes en la vigilia.

"La vida está llena de cosas inesperadas", aseguró Lombardi en rueda de prensa. "La decisión de aguantar la tormenta fue una prueba maravillosa, una maravillosa demostración de paciencia e incluso coraje".

La visita transcurrió sin grandes incidentes, a pesar de algunos enfrentamientos entre la policía y centenares de jóvenes descontentos por el gasto que supone esta Jornada en tiempos de crisis económica como los que vive España.

Lo organización dijo que se invirtieron 50 millones de euros (72 millones de dólares) financiados entre peregrinos, donativos y empresas patrocinadoras. Además, calcularon unos beneficios para la ciudad de 144 millones dólares.