Los inspectores fronterizos estadounidenses no solamente requisan drogas que entran al país desde México, sino que también están efectuando arrestos por contrabando de narcóticos que circulan en sentido contrario.

Un médico en la zona de Los Angeles y otras 14 personas han sido acusadas en un plan para contrabandear fármacos que requieren receta médica de California a México, dijeron las autoridades el viernes.

La inusual operación envió una enorme cantidad de opiáceos a farmacias de Tijuana a cambio de dinero en efectivo que era traído a Estados Unidos. Los adictos estadounidenses podían comprar las píldoras en locales cruzando la frontera desde San Diego, dijeron investigadores a The Associated Press.

Las autoridades conjeturaron que era más fácil para los contrabandistas colocar grandes cantidades de píldoras en las farmacias mexicanas reguladas laxamente que distribuirlas en pequeñas cantidades a los vendedores callejeros en Estados Unidos.

Agregaron que es un comercio lucrativo: un contrabandista que compra una píldora por unos dos dólares en Estados Unidos puede venderla a una farmacia mexicana por 3,50 dólares, y el adicto estadounidense paga seis dólares para traerla desde México.

"Tenemos a Tijuana en la palma de la mano", afirmó Jason Lewis — uno de los acusados — en una conversación grabada, según los registros del caso. "Hemos estado haciendo esto desde hace años, hermano".

Los investigadores dicen que la banda de San Diego es la primera que detectan contrabandeando drogas a México.

La investigación de 17 meses llevó al arresto esta semana del doctor Tyron Reece, de 71 años, que tiene un consultorio en el suburbio angelino de Inglewood. No respondió inmediatamente a un mensaje telefónico el viernes.

Reece extendió recetas el año pasado por unas 920.000 píldoras de hidrocodona, que se venden comúnmente con los nombres Vicodin y Lortab, indicaron las autoridades.

Los pesquisas dijeron que el líder de la banda, Anthony "Sam" Wright, de 67 años, ganaba mil dólares diarios manejando automóviles alquilados desde un suburbio distante hasta Los Angeles para llevar la píldora a transportistas que vivían en los suburbios de San Diego. Los intentos por contactar a Wright fueron infructuosos.

Los contrabandistas colocaban las píldoras en fajas alrededor del cuerpo o las escondían en compartimientos del motor antes de cruzar la frontera. Lo hacían preferentemente por San Ysidro, el cruce fronterizo de mayor movimiento que conecta San Diego y Tijuana.

Por ley, las farmacias fronterizas mexicanas deben exigir recetas de médicos mexicanos antes de vender analgésicos poderosos y narcóticos. Pero no es difícil hallar algunas dispuestas a trasgredir la legislación vigente.