Felícitas Gurrolla destaca como mujer en una actividad que se ha vuelto cada vez más violenta — el contrabando de inmigrantes — y que es dominada principalmente por grupos masculinos que eligen rutas peligrosas.

Gurrola, de 84 años, dirige una organización de traficantes de personas cuyos miembros son en su mayoría mujeres que utilizaban el puesto fronterizo de mayor tránsito para su negocio, aseguran las autoridades.

Según las fuentes, el grupo conducía mensualmente hasta 80 personas a San Diego desde Tijuana, México, y después otros guías llevaban hasta Los Angeles a los inmigrantes que carecían de permiso para residir en el país.

Gurrolla aceptó declararse culpable el viernes del cargo de dirigir una organización de traficantes de personas que traían a inmigrantes con documentos falsos a Estados Unidos, dijo el abogado defensor.

Cuando Gurrola se inició en esta actividad, ella y su familia eran traficantes ordinarios de personas. Sin embargo, las organizaciones habituales desaparecieron en la última década a medida que se incrementó la vigilancia fronteriza y grupos más violentos eliminaron a sus competidores.