Procesiones y cánticos de usanza religiosa se han convertido en características de las actividades proselitistas del gobernante Frente Sandinista para la Liberación Nacional (FSLN) que postula a su líder y actual presidente Daniel Ortega como candidato a la reelección en los comicios de noviembre.

Ortega aspira a un tercer mandato presidencial y segundo consecutivo en la nación centroamericana, para lo cual no ha escatimado esfuerzos para promocionarse entre la población, a pesar de que la convocatoria a elecciones generales será formulada oficialmente el sábado por el Consejo Supremo Electoral.

La mezcla de religión con política los nicaragüenses la conocieron durante los años 70 gracias a sacerdotes que se involucraron con la insurgencia o, al menos, se pronunciaban a favor de sus objetivos. Ahora, esa mescolanza ha resurgido y con ello la polémica porque la iglesia y algunos políticos lo critican.

"Es legal, legal, legal. Nadie puede prohibir que use la palabra cristiano. Nadie. El Vaticano nunca ha dicho una sola palabra" al respecto, afirmó el presidente Daniel Ortega en una reciente concentración con sus partidarios, defendiéndose de las críticas de las que ha sido objeto por el matiz religioso adoptado en su campaña.

El lema con el que promueve su candidatura reza: "cristiano, socialista y solidario".

El obispo de Estelí, monseñor Abelardo Mata, uno de los jerarcas más críticos del actual gobierno, fue categórico al afirmar que "el uso de palabras bíblicas y símbolos de la iglesia es de muy mal gusto. Están manoseando la religión y la fe cristiana".

En conversación con AP, Mata añadió que los sandinistas "son tan capitalistas como cualquiera" y usan un lenguaje "pseudo-revolucionario" mezclado con matices religiosos con el único objetivo de "engañar al pueblo".

También el cura y poeta Ernesto Cardenal, quien en los 80 fue sancionado por la Santa Sede por su involucramiento en la revolución sandinista de esa época, dijo a la AP que las formas religiosas adoptadas durante la actual campaña "es uno más de sus disfraces".

Ortega "hace un uso hipócrita y falso de la religión, fingiendo una fe que no tienen", añadió.

Otro prelado que censuró al FSLN y en particular a la primera dama Rosario Murillo fue Silvio Báez, por comparar a mediados de julio la celebración del trigésimo segundo aniversario de la revolución sandinista de 1979 con una misa católica.

En vísperas del multitudinario evento partidista, Murillo manifestó: "Dios me perdone si a alguien ofendo... vamos a una misa revolucionaria, vamos a cantar, vamos a llenarnos del Dios de los pobres, de amor al prójimo. Porque Dios está en todas partes".

La concentración a la que se refería Murillo se efectuó el 19 de julio en la denominada Plaza de la Fe Juan Pablo II, en la superficie interior de la concha acústica que sirvió de escenario se reflejaban con luces una especie de cáliz y entre los invitados figuró el cardenal Miguel Obando y Bravo, cuya cercanía al partido gobernante también es objeto de críticas y dudas.

Al respecto, Mata opinó que el cardenal es "todo un prócer que actúa de buena fe, pero su buena voluntad está siendo manipulada" con fines políticos.

En los años 80, Obando y Bravo era detractor de la "revolución sandinista" y acusó a los sacerdotes Ernesto y Fernando Cardenal y a Miguel D'Escoto Brockman de apoyar una "iglesia popular" basada en la teología de la liberación y de ponerse en abierta contradicción con la jerarquía eclesiástica que imponía abstenerse de esas ideologías políticas.

El Vaticano les prohibió a los tres sacerdotes mencionados administrar los sacramentos y en la primera visita de Juan Pablo II a Nicaragua en 1983 amonestó públicamente a Ernesto Cardenal.

En tanto, durante su comandancia guerrillera y el primer gobierno de la revolución sandinista (1979-1984), Ortega nunca comulgó ni se le vio en misa, lo cual cambió en el 2005, cuando incluso se casó en una ceremonia católica con Murillo y ahora toma la comunión en misas celebradas por Obando y Bravo.

El cardenal, en tanto, ahora preside la Comisión de Verificación, Reconciliación, Paz y Justicia nombrada por Ortega y es invitado a casi todos los actos oficiales y partidistas.

El escritor Sergio Ramírez, ex vicepresidente de Ortega en los años 80 pero que ahora está distanciado y es crítico del FSLN, consideró en una entrevista con la AP que Obando y Bravo es quien está detrás de las acciones de Murillo y los responsabiliza de "tomar prestados sin ningún permiso, los símbolos y rituales" de la Iglesia Católica y tratar de inventar una "iglesia paralela" que actúa con fines políticos.

El obispo de Estelí matizó este tipo de señalamientos hacia cardenal al asegurar que "se aprovechan de su figura y su autoridad moral para llevar agua a su molino".

Obando y Bravo aseguró recientemente que su compromiso con el gobierno "no lo estoy haciendo en nombre de la Conferencia Episcopal. Estoy claro que esta institución tiene su propio punto de vista, somos respetuosos y el gobierno también es muy respetuoso".

Durante parte de la guerra civil (1974-1979), una facción del catolicismo alentaba la teología de la liberación, según la cual la iglesia debía jugar un rol a favor de los pobres y oprimidos. Algunos exponentes de esa corriente fueron los hermanos Cardenal, quienes llevaron a las misas enardecidos mensajes y cánticos que incitaban a la sublevación.

"Vos (Cristo) estás resucitando en cada brazo que se alza para defender al pueblo del dominio explotador, porque estás vivo en el rancho, en la fábrica, en la escuela creo en tu lucha sin tregua y en tu resurrección", reza uno de los cánticos que se entonaban en las llamadas "misas campesinas" que se oficiaban en la época.

Sin embargo, el jesuita y ahora catedrático en la Universidad Centroamericana (UCA) de Nicaragua Fernando Cardenal aclaró que "en la revolución sandinista de los años 80 nunca se utilizaron frases ni simbología católica como propaganda: (en ese ámbito) siempre privó la ideología sandinista únicamente".

"Lo que se está viendo ahora es manipulación de esos símbolos católicos", dijo a la AP el religioso quien durante el gobierno sandinista se desempeñó como ministro de educación.

Ramírez sostiene que el Frente Sandinista "trata de inventar un pasado católico que nunca tuvo". Recordó que los guerrilleros "eran ateos en su mayoría y no cristianos".

Pero ahora, la huella religiosa está patente también en la promoción de los programas sociales del gobierno: "el que tenga oídos para oír que oiga y el que tenga ojos para ver que vea", dice el eslogan inspirado en una parábola bíblica utilizado por Murillo, quien es responsable de la campaña proselitista a favor de la reelección de su marido y de la estrategia de comunicación del gobierno.

El ex sacerdote D'Escoto Brockman, quien en los 80 fue canciller y ahora funge como asesor en relaciones internacionales del gobierno, dijo a la AP que no ve "nada objetable" en las comparaciones y usos que Murillo hace de los textos y rituales religiosos.

"Es más, estoy totalmente de acuerdo con lo que ella siente, piensa y dice sobre el cristianismo en el sandinismo" que "es la puesta en práctica de los más profundos valores y principios éticos del cristianismo: el amor a la justicia y la solidaridad", aseveró.

Al describirla dijo que la primera dama "es siempre cristiana y siempre sandinista".

A pesar de los matices religiosos adoptados por su partido, Ortega mantiene una tirante relación con la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) y desde que asumió para su actual mandato se ha negado a dialogar con los obispos que en varias oportunidades han expresado inquietudes y críticas al gobierno.

Sin embargo, tuvo un gesto de complacencia hacia el Episcopado cuando el 26 de octubre de 2006, apenas 10 días antes de las elecciones en las que salió electo, Ortega respaldó que en Nicaragua se prohibiera el aborto con fines terapeuticos.

Esa decisión le valió elogios de líderes católicos y evangélicos que se pronunciaban a favor de la prohibición y analistas estimaron que le rindió resultados también a nivel electoral.

En octubre, la CEN señaló al gobierno de "instrumentalizar la justicia para legalizar en modo artificioso las estructuras de poder y las ambiciones personales", refiriéndose al fallo con que la Corte Suprema permitió a Ortega eludir una prohibición constitucional a la reelección inmediata en el cargo.

Según una encuesta preelectoral de inicios de agosto de la firma Cid-Gallup, el 41% de la intención de voto está a favor de Ortega, seguido del candidato liberal Fabio Gadea con 34% y el también ex presidente Arnoldo Alemán con 11%.

Aunque pareciera que utilizar símbolos religiosos sería determinante al considerar que el 58,5% de los 5,5 millones de nicaragüenses dijo profesar el catolicismo en el último censo realizado en el país en 2005, el director de la firma encuestadora M&R, Raúl Obregón, estimó que "el uso de frases y símbolos religiosos no tiene mayor impacto en el ánimo de los votantes".

Pero el experto en opinión pública opinó que la figura de Obando y Bravo sí "es demasiado fuerte" dentro del pueblo nicaragüense por llevar "más de treinta años liderando la iglesia católica de este país".

Ortega no ve conflicto alguno en la línea de su campaña y en un discurso le recordó recientemente a su público que, por ejemplo, el Vaticano "reconoce" que la canciller alemana Angela Merkel pertenece "a la Democracia Cristiana", que existe una organización Internacional Social Cristiana y un Partido Social Cristiano.

También, para enfatizar los vínculos históricos del episcopado con el poder, recordó que la Iglesia Católica rindió honores de "príncipe de la iglesia" en los funerales del dictador Anastasio Somoza García en septiembre de 1956.