El monopolio estatal Petróleos Mexicanos (Pemex), tercer productor mundial de crudo, estrenó hoy unos contratos que permiten a las empresas privadas, por primera vez desde 1938, participar en la extracción de crudo, pero sin que el país pierda la propiedad y beneficios del petróleo.

Los contratos surgen de la polémica reforma energética aprobada por el Congreso mexicano en 2008, cuya negociación tardó 7 meses y en la que se sucedieron toda clase de protestas, incluida la toma de la Cámara de Diputados por fuerzas de la izquierda durante unos días.

La iniciativa privada ya es partícipe en un sinnúmero de actividades petroleras en el país (conductos, transporte, plataformas marinas, exploración, entre otras), pero a la fecha no se había involucrado nunca en la extracción de crudo.

Los nuevos instrumentos, llamados "contratos incentivados", prevén la posibilidad de que Pemex contrate a una compañía para que produzca crudo en un pozo y que además otorgue compensaciones en efectivo a los contratistas que obtengan mejores resultados.

Además, la petrolera podrá dar incentivos en efectivo a las firmas que incorporen tecnología de punta, sean más eficientes y produzcan con menores costos, entre otros factores.

Los ganadores anunciados hoy fueron la británica Petrofac, que explotará crudo en dos campos maduros en el estado de Tabasco (Golfo de México), y cobrará a Pemex 5,01 dólares por barril extraído.

Por su parte, la mexicana Administradora en Proyectos de Campos (APC) se llevó otro campo tabasqueño con un precio de 5,03 dólares por barril extraído.

El margen de utilidad de Pemex en estos negocios es alto, en vista de que la mezcla mexicana de petróleo se cotizó hoy a 99,32 dólares por barril.

La superficie total de las tres áreas licitadas es de 312 kilómetros cuadrados, con una reserva total de 207.000 millones de barriles de petróleo crudo equivalente y una producción actual de 14.000 barriles diarios.

Sin embargo, el esquema está lejos de ser una privatización del sector, como ocurre en otros países donde las empresas privadas explotan el crudo y lo venden en los mercados internacionales, debido a que Pemex seguirá obteniendo todos los beneficios de la comercialización de esos hidrocarburos.

Pemex nació en 1938, cuando el entonces presidente Lázaro Cárdenas argumentó que las petroleras extranjeras se dedicaban a "lesionar seriamente" los intereses de la nación porque se negaban a cumplir un fallo de la Suprema Corte para dirimir un conflicto sindical, por lo que decretó la expropiación de sus activos.

La empresa pública contribuye con cerca del 30 % de los ingresos fiscales del país, por lo que es estratégica para la estabilidad económica de México.

El petróleo, además, es un símbolo de identidad nacional entre los mexicanos y reiteradamente los mandatarios afirman en cada aniversario de la nacionalización de la industria que los recursos del subsuelo no serán jamás privatizados.

No obstante, Pemex carece de la tecnología necesaria para explorar en aguas profundas, donde se cree que hay 53.800 millones de barriles de crudo, el 55 por ciento de los cuales a gran profundidad, en una extensión de más de 550.000 kilómetros cuadrados.

Por esta razón, los gobernantes mexicanos han intentado varias veces, aunque en vano, abrir más la industria al sector privado.

En 1999 el entonces presidente, Ernesto Zedillo, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), envió al Congreso una iniciativa de reformas para permitir la apertura del capital privado en la industria eléctrica y petrolera.

En 2002 el presidente Vicente Fox, del Partido Acción Nacional (PAN), también envió su respectiva propuesta para permitir la participación privada.

En ambos casos, las iniciativas fueron congeladas en el Congreso debido a la fuerte oposición de la mayoría de legisladores y a las movilizaciones sociales que se generaron en torno a esos temas.

Pemex, que actualmente construye una nueva refinería, produjo en 2010 en promedio 3,79 millones de barriles diarios de hidrocarburos, de los cuales 2,57 millones fueron de crudo.