Luego de la Segunda Guerra Mundial Alemania reconstruyó su economía en base a un sistema muy rígido en el que florecieron las empresas y la industria, desde la fabricación de autos hasta los medios de prensa.

A partir de ese sistema, Alemania pasó a ser la principal economía de Europa, una potencia regional que aporta miles de millones de euros para tratar de sacar a sus vecinos del pozo. Y es en base a su propia experiencia que los alemanes dicen que solo si sus socios de la Unión Europea adoptan políticas más estrictas Berlín ayudará a costear su recuperación.

"La idea básica es que se fijan normas y se le da una oportunidad a la gente, pero nadie viola esas normas", expresó Jackson Janes, director ejecutivo de Instituto Estadounidense de Estudios Alemanes Contemporáneos de Washington.

"Esa es una actitud muy distinta que no funciona en sitios como Grecia", expresó. "Es muy difícil hacer que la gente se enfoque en esa estructura que funcionó tan bien en Alemania".

Los alemanes destacan que el año pasado tuvieron un crecimiento del 3,6%, el más alto de Europa, que les permitió recuperarse rápidamente de la crisis mundial del 2009.

Su fe en la "ordnungspolitik", o "política del orden", es lo que llevó a Berlín a exigir en numerosas ocasiones a la Unión Europea que imponga restricciones a sus miembros a cambio de fondos de Alemania para rescatar a los vecinos que no están en condiciones de pagar sus cuantiosas deudas.

Las diferencias en torno a lo que plantea Alemania son vistas por muchos como uno de los factores que impide una respuesta más firma de la UE a la crisis y genera prolongados enfrentamientos con países que consideran que planteos tan rígidos no son convenientes para sus economías. Esos roces minaron la confianza de los inversionistas en la capacidad de la eurozona para manejar su endeudamiento y ayuda a que el euro y las bolsas de valores del continente vivan en un eterno estado de conmoción.

Cuando Grecia pidió ayuda por primera vez en el 2010, la canciller alemana Angela Merkel exigió un mecanismo permanente para resolver crisis y terminó negándose a aportar fondos.

Los alemanes fueron criticados por insistir en que los miembros de la UE aceptasen fijar sanciones más duras para los países que se endeudan en exceso antes de apoyar un plan de rescate de 110.000 millones de euros (157.000 millones de dólares).

Al final Merkel cedió y Grecia recibió asistencia, no se impusieron controles más rígidos y Alemania quedó mal parada. Pero la situación se agravó y a los pocos meses se empezó a hablar de que Irlanda y Portugal también necesitaban ayuda.

A los alemanes no les gusta nada la idea de emplear el dinero que ahorraron con muchos sacrificios en el rescate de otros países que se manejaron irresponsablemente.

"Los alemanes son gente muy disciplinada. Los griegos, en cambio, se manejan mucho más impulsivamente, en forma pasional", comentó Peter Walschburger, profesor de la Universidad Libre de Berlín, especializada en el lado psicológico de la economía.

El 90% de los alemanes cree que el estado debe regular el funcionamiento de las instituciones financieras, incluidos bancos y grandes empresas, según un estudio de Actitudes Mundiales del Centro Pew efectuado el año pasado.

La deuda alemana subió un 21,9% el año pasado, a 1.280 billones de euros (1.820 billones de dólares), en buena medida como consecuencia de la necesidad de rescatar bancos.

Los países de la UE han sido bastante liberales con la exigencia de mantener sus deudas por debajo del 60% de su producción económica y sus déficits por debajo del 3%, como se estipuló en la década del 90 a insistencia del ministro de economía alemán Theo Waigel.

Alemania y Francia posteriormente aceptaron suavizar esas normas, lo que allanó el camino para que otros países incurriesen en gastos descontrolados.

Ahora Berlín quiere sanciones más duras y automáticas.