La mayoría de la población habitual dejó la ciudad en busca de playas o parajes montañosos donde el calor del verano sea más llevadero, pero en su lugar Madrid ha sido inundada por peregrinos que asisten a la Jornada Mundial de la Juventud que presidirá el Papa Benedicto XVI.

La llegada de las comitivas se esperaba a partir del martes, pero desde días previos se avistaban en la capital española numerosos grupos de peregrinos de todo el mundo.

Eso sí, el martes recibieron sus acreditaciones y celebraron con una misa la inauguración de la JMJ en la Plaza Cibeles, la misma donde festeja habitualmente sus títulos el Real Madrid, a cargo del arzobispo de la ciudad anfitriona Antonio María Rouco Varela.

La capital de España era un bullicio de gente para beneplácito de la organización, que contaba ya en la mañana un medio millón de peregrinos acreditados, con previsiones de doblar o triplicar la cifra conforme se acerca la visita del Benedicto XVI, agendada para el jueves.

Los latinoamericanos están ampliamente representados y se hacen notar. Brasil lidera la tabla con 13.800 inscritos. Le siguen México con 8.300 y Argentina con 6.700, mientras que Venezuela suma 5.500 y Colombia sigue con 3.900.

Recién recogida su credencial, la venezolana Nakaly Vanegas, de 29 años e integrante del equipo pastoral de la universidad de San Cristóbal en que trabaja, destacaba la buena acogida por parte de la familia española que le proporcionaba el alojamiento a ella y tres chicas más.

"Somos un grupo de 12 venezolanos. Las chicas dormimos en casas de familias, y los seis chicos en parroquias locales. Por ahora, estamos encantados", dijo.

El tema del alojamiento y las prebendas que reciben los peregrinos, junto con la ostentosa puesta en escena para la visita Papal, han motivado la censura de muchos españoles en el marco de la actual crisis económica y un sector crítico ha convocado una manifestación para el miércoles bajo el lema 'De nuestros impuestos, al Papa cero'.

Los detractores del evento católico señalan, entre otras cosas, que los madrileños han visto aumentado en un 50% el precio del billete de metro mientras a los feligreses les ofrecen notables descuentos en transporte público.

"Hemos notado algo de eso", reconoció el colombiano Óscar Martínez, abogado de 31 años procedente de Huila junto a 8 integrantes de su familia.

"Algunos españoles... nos han recriminado que estemos acá gracias a sus impuestos e incluso algunos nos han insultado. Pero no es cierto que vengamos gratis a Madrid", señaló el colombiano.

Martínez, un veterano de la Jornada Mundial de la Juventud que ya acudió a la anterior convocatoria en Australia y luce el típico sombrero costeño con ribetes de la JMJ, relató como la organización de 2011 ha dejado bastante que desear con respecto a la de 2008.

"Acá hay mucha desinformación y desorganización. Cuando llegamos al colegio (que funciona como albergue) éramos demasiada gente y estábamos hacinados, amontonados en los pasillos y en una sala grande y con pocas duchas y sanitarios para las 500 personas que allí habían", expuso.

Recordó que en Sydney "no había más de 10 personas por aula y baño. Además, la mayoría de voluntarios en nuestro caso eran franceses, con lo que no estaban capacitados para orientarnos por Madrid".

Repartidos por nacionalidades y confluencia idiomática, los devotos se ubican entre parroquias, escuelas, casas de acogida, hoteles o albergues, según sus preferencias o un paquetes pagados de antemano que oscilan desde los 45 a los 210 euros, dependiendo del régimen de alojamiento, comidas y transporte.

Y la ciudad ofrece una gama opciones: como un establecimiento que promociona el 'menú del peregrino', consistente en uno de tres sandwiches a elegir, ensalada, bebida y postre o café por 7,50 euros.

También reciben la 'mochila del peregrino' equipada con un abono de transporte público para los días que dura la JMJ con el consiguiente mapa, una bebida, un sombrero o gorra, un abanico, el catecismo 'Youcat' y la guía de la JMJ, un evangelio, un libro de oraciones y tickets de comida.

Helena Cebrián, subdirectora de la oficina de prensa de la JMJ, detalló que los precios de las acreditaciones son variables ya que la mayoría de madrileños optaron por un paquete sin transporte ni comida, mientras que los extranjeros con rentas más altas pagan el precio máximo en favor de una rebaja para los que proceden de países más pobres.

El sector chileno, con 3.700 acreditados, también se halla presente con personas como César Castro, abogado de 29 años, que se declaró "encantado con la hospitalidad española. Estamos muy a gusto en una parroquia a las afueras de Madrid donde nos ubicaron con argentinos, cameruneses e italianos tras ampliar el espacio inicial, que quedaban pequeño".

Su compañera, Catalina González, estudiante de matemáticas de 21 años, aclaró que "nadie nos ha regalado nada, pues yo llevo ahorrando tres años para poder pagarme este viaje".