Las fuerzas de seguridad chinas emprendieron una campaña para asestar un severo golpe a los actos de violencia, el terrorismo y el extremismo islámico en la conflictiva región occidental de Xinjiang, donde han ocurrido nuevos hechos de violencia étnica, dijeron el martes autoridades locales.

La campaña, que inició el 11 de agosto y concluirá el 15 de octubre, incluye patrullajes las 24 horas en lugares problemáticos, revisiones de identidad y cacheos callejeros a personas y vehículos, afirmó el gobierno regional en un aviso que difundió en su ciberpágina.

Las autoridades intensificarán las investigaciones sobre actividades sospechosas y serán más estrictas con los procesados, a quienes se les agilizarán los juicios, agregó el aviso.

"Las unidades de seguridad pública a todos los niveles en la región deberán reforzar sus acciones de seguridad, adoptar precauciones estrictas, deberán imponer temor e impresionar", según el texto.

China efectúa con regularidad campañas de este tipo a pesar de las críticas de activistas, quienes afirman que con estas acciones se atropellan los derechos de los acusados y se imponen sanciones más severas por delitos que van del robo a poner en peligro la seguridad del Estado.

La campaña sigue a nuevos brotes de violencia atribuidos a rebeldes que actúan entre la población nativa uigur de Xinjiang, conformada por turcos étnicos que tienen una cultura, lengua y religión distinta a la mayoría de la etnia han de China.

Al menos tres decenas de personas, incluidos agresores, murieron durante tres ataques en las ciudades de Hotan y Kashgar, a pesar del refuerzo de la seguridad tras los disturbios de gran envergadura contra Beijing ocurridos en Urumqi hace dos años, cuando perecieron al menos 197 personas.

Beijing atribuye la violencia a insurgentes que actúan en el extranjero y pertenecen al Movimiento Islámico del Turkistán Oriental, cuyos integrantes, afirma, se entrenan en campamentos rebeldes en Pakistán.