Una ola de explosiones estremeció el lunes 17 ciudades iraquíes, matando a 63 civiles y fuerzas de seguridad en el peor jornada terrorista en lo que va del año en el país y que subraya la resolución de al-Qaida y su capacidad para causar estragos.

El baño de sangre se produce menos de dos semanas después de que funcionarios iraquíes dijeron que estarían abiertos a la idea de permitir que algunas tropas estadounidenses permanezcan en el país más allá del plazo de retirada final, el 31 de diciembre.

Los responsables coordinaron sus artefactos explosivos para que estallaran el lunes por la mañana e incluyeron una combinación de coches bomba estacionados, un atacante suicida que condujo un vehículo contra un retén cercano a una comisaría policial, bombas al pie del camino e incluso bombas sujetas a postes de alumbrado público.

El alcance de la violencia — que incluyó siete explosiones en varios poblados en la provincia de Diyala solamente — enfatizó la peligrosa capacidad de los insurgentes de coordinar y lanzar ataques pese a las reiteradas redadas de las fuerzas iraquíes y estadounidenses.

El peor hecho de violencia ocurrió en Kut, 160 kilómetros (100 millas) al sureste de Bagdad, donde ocurrieron dos explosiones en un mercado.

El portavoz de la Policía local, el teniente coronel Dhurgam Mohammed Hassan, dijo que la primera bomba estalló en una congeladora usada para enfriar bebidas. Cuando los rescatistas y los curiosos llegaron al lugar, estalló un coche bomba estacionado. Murieron 35 personas y 64 resultaron heridas en este hecho. En la jornada se habían registrado más de 250 heridos.

La Policía acordonó el área, donde había restos humanos en el suelo. Varias paredes estaban manchadas de sangre y lucían perforaciones de metralla.

Las explosiones del lunes son los primeros actos considerables de violencia en Irak desde que los líderes políticos anunciaron a principios de mes que comenzarían a negociar con Estados Unidos sobre la permanencia de pequeños contingentes militares estadounidenses en el país después del 31 de diciembre.

Todas las tropas estadounidenses deben partir de Irak a fines de año, pero tanto los líderes iraquíes como los estadounidenses han expresado dudas sobre la capacidad de las fuerzas iraquíes para proteger su propio país.

Theodore Karasik, un experto en seguridad del Medio Oriente opinó que al-Qaida está tratando de perturbar el proceso político interno iraquí y enviarle un mensaje a los estadounidenses.

"Parece que al-Qaida en Irak está involucrado en un juego de propaganda, al mismo tiempo que trata de demostrar que todavía puede realizar actos mortíferos de violencia", dijo Karasik, un analista del Instituto para el Cercano Oriente, con sede en Dubai.

"Si Estados Unidos amplía su presencia militar, la representación de al-Qaida en Irak puede utilizar eso como una herramienta al decir: 'Vean: los estadounidenses han revertido su decisión de retirarse para permanecer como fuerza de ocupación'. Podrían utilizar esto como una justificación para emprender más ataques", agregó.

En la provincia de Diyala, estallaron siete bombas en la capital, Baquba, así como en ciudades cercanas, dijo Faris al-Azawi, portavoz de los servicios de salud de la provincia. Cinco soldados murieron en Baquba y otras cinco personas murieron en otros ataques en la provincia.

En las afueras de la ciudad sagrada de Nayaf, un atacante suicida usó un coche bomba para embestir un puesto de control fuera de una comisaría policial, dijo Luay al-Yassiri, jefe del comité de seguridad de la provincia.

Varios policías abrieron fuego cuando el conductor se negó a detenerse y luego el vehículo explotó. Al-Yassiri dijo que cuatro personas murieron y 32 resultaron heridas. Los bomberos rociaron agua sobre varios vehículos incendiados, mientras que un cuerpo cubierto con una sábana roja era subido a un vehículo policial.

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Sinan Salaheddin reportó desde Bagdad. El periodista de The Associated Press Brian Murphy en Dubai contribuyó a este despacho.