El presidente de Paraguay, Fernando Lugo, aupado por una vigorosa expansión de la economía, acomete mañana su cuarto año de mandato con sus aliados empeñados en que sea senador activo tras fracasar un plan que le hubiera permitido buscar la reelección en 2013.

La Cámara de Diputados abrió esta posibilidad al aprobar una enmienda constitucional para eliminar la senaduría vitalicia, con voz pero sin voto ni salario, que la Carta reserva para los mandatarios, impedidos de la reelección desde la caída del régimen del general Alfredo Stroessner (1954-1989).

El proyecto, que ha sido remitido al Senado, asigna a los ex jefes de Estado la condición de senadores activos, según su autor, el diputado Víctor Ríos, del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA, de centro derecha), principal aliado de Lugo en el Congreso.

La iniciativa entró al Congreso, de mayoría opositora, luego del portazo dado en julio pasado por el Senado a una propuesta de referéndum del Frente Guasú (Amplio), formado por una veintena de grupos minoritarios de izquierda que apoyan a Lugo, para modificar el texto constitucional que prohíbe un segundo mandato.

Tras seis décadas de hegemonía del Partido Colorado, que se mantuvo tras el fin de la dictadura de Stroessner, el ex obispo Lugo se aupó al poder hace mañana tres años, para un mandato de cinco.

Lugo entra en su cuarto año con los índices más bajos de popularidad. Según un sondeo de la consultora Ati Snead publicado hace una semana por el diario asunceno La Nación, el 52,1 % de los paraguayos reprueba su gestión y sólo el 44,3 % la considera buena o muy buena.

La idea de la reelección fue rechazada tajantemente por el PLRA, segunda fuerza política del país, que en abril de 2012 celebrará una convención para proponer a uno de los suyos al frente de la fórmula presidencial de la coalición gobernante.

Lugo, de 60 años y curado de un cáncer linfático detectado hace un año, arrastra roces con su vicepresidente, Federico Franco, de un sector del PLRA marginado de los altos cargos.

Esas divergencias impidieron que parte de sus reformas económicas tuvieron mejor suerte en el Parlamento, donde los conservadores "colorados" mantienen la mayoría.

El Gobierno reflotó este año el proyecto del Impuesto a la Renta Personal (IRP), paralizado en el Congreso desde la época de Nicanor Duarte (2003-2008), como uno de los pilares de la formalización de la economía del país, que en 2010 apuntó la mayor tasa de expansión de su historia: el 15,3 %.

"La economía paraguaya viene creciendo desde hace un tiempo y eso se inicia en el 2003, básicamente por el despegue de los precios de los 'commodities' (materias primas) en el mundo", expuso a Efe el analista Manuel Ferreira.

Paraguay es cuarto exportador mundial de soja y quinto productor global de esa oleaginosa, y la segunda fuente de ingresos radica en la carne, de la que es "productor número 16 y octavo exportador en el mundo", detalló Ferreira.

Añadió que este país "se subió a este carro", de los buenos precios de las materias primas, con su agricultura, primero, y la ganadería, después, a partir de 2005, motorizado por la demanda de alimentos en Rusia y Chile, los principales destinos de la carne bobina.

En plena crisis global en 2009 Paraguay produjo 6,5 millones de toneladas de granos y el año siguiente 13 millones, refirió Ferreira al explicar que el despegue también alcanzó a otros sectores como el de la construcción.

El analista destacó la reducción de la pobreza en casi un dos por ciento en los últimos dos años en este país de 6,4 millones de habitantes, aunque se lamentó de que los beneficios del despunte no lleguen a la velocidad que se quería a los estratos sociales más bajos.

Entre 2008 y 2009 la pobreza se redujo del 37,9 al 35,1 % de la población, mientras que la miseria del 19 al 18,8 %, según el informe anual de gestión que Lugo elevó al Congreso el 1 de julio pasado.