Pocos neoyorquinos se dieron por enterados cuando hace un par de meses una docena de caballos de la policía montada que tradicionalmente eran alojados en un establo en el Bajo Manhattan fueron trasladados a otro sector de la ciudad.

El departamento de policía de Nueva York trasladó a los caballos al otro extremo de la isla para instalar en el sector de las caballerizas una base para 220 agentes cuya misión será vigilar el área que ocupaban las Torres Gemelas.

La fuerza a ser estacionada en el Bajo Manhattan llegará a tener 670 efectivos y será mucho más grande que la de cualquier precinto de los cinco condados de la ciudad. Más grande incluso que la de algunos departamentos de policía enteros. Los miles de personas que visiten el monumento recordatorio de las víctimas de los ataques del 11 de septiembre del 2001 a ser inaugurado este año deberán someterse a revisiones similares a las de los aeropuertos y serán vigiladas por cientos de cámaras.

La vigilancia del sector donde se levantaban las Torres ya era una de las principales inquietudes de las fuerzas policiales incluso antes del ataque de al-Qaida que destruyó los edificios. En 1993, extremistas islámicos hicieron estallar una camioneta alquilada llena de explosivos en un estacionamiento del complejo, matando a seis personas y causando lesiones a más de mil. Y en el 2006 las autoridades dijeron que un libanés leal a Osama bin Laden había complotado para inundar la zona haciendo estallar mochilas en un tren de pasajeros cuando cruzaba el túnel del río Hudson.

Si bien las autoridades neoyorquinas dicen que la "resurrección" del área refleja la determinación del país, las fuerzas policiales creen que para los terroristas representa una nueva oportunidad de demostrar su tenacidad.

"No le quepa la menor duda de que es un blanco, porque tiene un enorme simbolismo", comentó James Kallstrom, ex agente del FBI que dirigió la oficina de Nueva York de ese organismo en la década de 1990. "Volver a atacar un monumento histórico que ya había sido atacado es el desafío más grande".

El comisionado (jefe) de la policía neoyorquina Raymond Kelly dijo que no se sabe de complot alguno en estos momentos, pero que "los terroristas lo tienen entre ceja y ceja".

El temor de otro ataque hizo que el edificio central del nuevo complejo fuese corrido varios metros.

El proyecto original tenía el edificio a siete metros y medio (25 pies) de una autopista paralela al Hudson y la policía dijo que sería vulnerable a ataques con vehículos con explosivos. El nuevo proyecto alejó el edificio de la autopista e incorporó una base de 61 metros (200 pies), sin ventanas.

Para que la base no pareciese una fortaleza, se incorporó una fachada de 2.000 paneles de vidrio adosada a mamparas de aluminio. Pero unos ensayos indicaron que el vidrio no se partía en piezas minúsculas inofensivas, como esperaba la Autoridad de Puertos, dueña de la propiedad, y hubo que hacer un nuevo diseño.

Las autoridades y los diseñadores tuvieron que lidiar con otro problema: cómo vigilar la enorme cantidad de turistas, trabajadores y empleados que habrá allí sin militarizar la zona.

Como asesor del gobernador de Nueva York George Pataki en temas de terrorismo a mediados de la década del 2000, Kallstrom elaboró un ambicioso plan para proteger el área, a ser abierta al público a fines del 2013 o principios del 2014 y la cual incluirá el edificio central, un monumento y museo dedicado a las víctimas del 11 de septiembre (el National September 11 Memorial & Museum) y otros edificios de oficinas y estaciones para medios de transporte público.

Las medidas, que combinan innovaciones arquitectónicas, aparatos de alta tecnología y el empleo de numerosos agentes, garantizan que el sitio será "muy, muy seguro", según Kallstrom.

La policía operará un centro de control de vehículos en el que se vigilarán todos los autos, camionetas y camiones que ingresen al complejo usando un acceso subterráneo.

Los peatones también serán revisados antes de ingresar.

Las personas que quieran visitar el monumento serán derivadas a una sala con detectores de metales parecidos a los empleados en los aeropuertos, que contará también con máquinas de rayos x. Los empleados de la zona y los visitantes frecuentes podrán recibir permisos especiales que les evitarán tener que someterse a esas revisiones diariamente.

Habrá además 400 cámaras de circuito cerrado, cuyas imágenes serán observadas desde un centro de control en un edificio de oficinas vecino, en Wall Street. El sistema de computadoras empleará un programa de análisis de videos que alertará si alguien deja un bolso sin atender o si hay sospechosos de terrorismo.

También se están dando los últimos toques a un sistema que permitirá detectar materiales radiactivos en cualquier vehículo que ingrese al Bajo Manhattan. Con ese fin, la policía está instalando detectores de radiación y aparatos que registran las placas de los autos en 16 puentes y cuatro túneles de Manhattan.

Los 220 agentes iniciales comenzarán a patrullar la zona a fin de mes, a tiempo para la inauguración del monumento el 11 de septiembre. Muchos agentes se sometieron voluntariamente a cursos de antiterrorismo, en los que se enseñaron formas de detectar sospechosos que realizan tareas de reconocimiento.

La policía municipal planea agregar más efectivos a medida que avanza la construcción, señaló Kelly.

Esa fuerza especial espera contar un día con una estación policial propia. Para entonces, los caballos regresarán a sus establos, según Julie Menin, directora de una junta comunitaria del barrio.

Menin opinó que las medidas de seguridad "harán que la gente se sienta más segura, por un lado, pero por el otro, podrían generar alarma".