Los jóvenes participantes en los disturbios que estremecieron Gran Bretaña están llenando juzgados y cada uno parece el retrato vivo de una generación perdida: un joven de 15 años, procedente de Ucrania, cuya madre murió; otro de 17 que se plegó a los desmanes siguiendo a su primo; un matoncito de 11 años, detenido por robar un cesto de basura.

Las opiniones en Gran Bretaña acerca de los orígenes de los disturbios están divididas. Algunos los atribuyen a delincuentes oportunistas, otros dicen que las políticas económicas inhumanas y los severos recortes al gasto gubernamental han acentuado la desigualdad en las áreas más pobres del país.

Los mismos jóvenes a veces no saben explicar la raíz de su ira. Pero en sus respuestas se percibe el resentimiento social.

"Nadie hace nada por nosotros, ni los políticos, ni los policías, nadie", dijo un joven de 19 años que reside cerca de Tottenham, el barrio de Londres donde comenzaron los disturbios. El joven se identificó sólo como "Freddy" porque participó en los saqueos y tenía miedo de enfrentar cargos. "Freddy" no figuraba entre los jóvenes en el juzgado.

Gran Bretaña tiene además uno de los índices más altos de delitos violentos en la Unión Europea, y una tasa alarmantemente elevada de desempleo entre los jóvenes. Casi 18% de las personas de entre de 16 y 24 años no tiene trabajo y casi la mitad de todos los jóvenes negros está desocupados.

Mientras el gobierno trata de moderar una deuda colosal mediante el recorte a prestaciones sociales, lo que dificultaría aun más la vida de estos jóvenes, algunos expertos consideran erróneo el creer que los disturbios han constituido sólo un brote esporádico de violencia que no tiene relación con la crisis económica actual.

"Hay una desconexión fundamental entre una parte específica de los jóvenes británicos y secciones de la política", dijo Matthew Goodwin, profesor de la Universidad de Nottingham. "El argumento de que esto no tiene relación alguna con los recortes al gasto o con la economía no se sustenta en las evidencias. Si eso es verdad, entonces lo que tenemos aquí es a cientos de jóvenes locos que simplemente actúan en forma irracional. No creo que ése sea el caso".

Más de un millar de personas han sido detenidas desde el sábado, cuando estallaron los disturbios. En su mayoría se trata de jóvenes pobres, de diversas razas y etnias.

Se desconoce qué incidencia han tenido las tensiones raciales en los disturbios.

En Tottenham, la mayoría de los habitantes son blancos, pero los negros africanos o caribeños representan alrededor de una cuarta parte de la población. En la zona residen también inmigrantes de India, Pakistán, Bangladesh y Asia. La ira ha parecido trascender las barreras étnicas, y la pobreza parece el común denominador.

Pero hay una historia de tensiones raciales en muchos de estos barrios y los disturbios fueron desencadenados por la muerte a tiros de un hombre negro, a manos de la policía, en Tottenham.

En 1985, ocurrió en el barrio un disturbio que quedó grabado en la memoria de muchos padres de los jóvenes actuales. En aquel entonces, la violencia estalló en una zona donde una mujer negra murió por un derrame cerebral durante un allanamiento policial.

La zona sigue siendo foco de tensión étnica. En el último año, la policía ha registrado ahí unos 100 delitos de intolerancia racial o religiosa.

Otros problemas sociales afligen a los lugares donde ocurrieron los desmanes: altos índices de embarazo entre las adolescentes, delitos a mano armada y tráfico de drogas.

Daniel Cavaglieri, uno de los abogados de un adolescente negro de 17 años que compareció con decenas más el miércoles en la corte de magistrados de Highbury, dijo que su cliente estudiaba mecánica y trataba de completar la escuela. Se le acusó de seguir a su primo mayor, quien saqueó una tienda de ropa y está acusado de intento de robo.

"Su madre está furiosa porque él estaba afuera a esa hora. Ella pensó de verdad que él estaba en la casa de un amigo", dijo Cavaglieri a la corte. "Lo van a castigar".

El gobierno británico, encabezado por los conservadores, implementa medidas severas de austeridad en un intento por poner en orden las finanzas nacionales. El primer ministro David Cameron ha prometido recortes de gastos por 80.000 millones de libras (129.000 millones de dólares), además de otros 30.000 millones de libras en impuestos para reducir el déficit colosal de Gran Bretaña, el cual aumentó después de que el gobierno erogó mucho dinero para rescatar a los bancos en problemas.

Los planes de recorte a servicios que van desde la asistencia a los pobres hasta la educación provocaron protestas el año pasado, cuando los estudiantes salieron a las calles para condenar las tarifas universitarias, que subieron incluso al triple.

El gobierno trata también de recortar los empleos públicos y las prestaciones a esos trabajadores; elevar de 65 a 66 años la edad de jubilación de los burócratas, aumentar la cantidad de dinero que los empleados del gobierno aportan a sus pensiones y reducir el monto que reciben al retirarse.

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Gabriele Steinhauser en Bruselas y Cassandra Vinograd en Londres contribuyeron con este despacho.