Una prisión saturada de reclusos en el noreste de Brasil ha recurrido a dos gansos para que den la alarma si algún interno intenta escapar.

El alcaide Wellington Picanco, del reclusorio de Sobral, dijo al sitio noticioso G1 en internet que los gansos graznan mucho cuando detectan "movimientos extraños". Así, estas aves, que recorren libremente la prisión, alertarán a los centinelas en los casos de violencia entre las pandillas rivales en la saturada instalación.

El reclusorio cuenta con capacidad para albergar a 153 reclusos, pero en la actualidad tiene a 255.