Ante las fotos de la devastación del 11 de septiembre del 2001, el público se pregunta cómo los fotógrafos que las tomaron pudieron seguir trabajando en medio de la tragedia.

Richard Drew explica que sus lentes actúan como filtro: "Lo que ocurre sucede allí, del otro lado".

Otro fotógrafo de The Associated Press, el ya fallecido Marty Lederhandler, dijo: "Dejo que la cámara absorba todo el desastre o la tristeza de lo que ocurre. Me protege a MI del incidente".

Ninguno de los fotógrafos de AP que trabajaron ese día tenía el panorama general de lo que sucedía. Todo lo que sabían era lo que estaba ocurriendo ante sus ojos, que era parte de algo trascendental, y que su trabajo era registrarlo.

Cinco de los fotógrafos que trabajaron ese día hablaron sobre cómo tomaron las imágenes, cómo su experiencia les ayudó a prepararse para un hecho que nadie podía haber anticipado, y de qué modo sus lentes los protegieron al menos momentáneamente de los temores y el dolor que sobrevendrían más adelante.

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Después de 65 años con la AP, Marty Lederhandler había visto muchas cosas.

En 1937, un año después de incorporarse a la agencia, ayudó a registrar el desastre del Hindemburg. Siete años después, el teniente Lederhandler desembarcó en la playa Utah en el Día D, con dos palomas mensajeras en una caja para que llevaran sus rollos de película a través del Canal de la Mancha.

El 11 de septiembre del 2001, Lederhandler sabía que la verdadera historia ocurría en el centro de Nueva York. Pero también que a los 84 años sus piernas no lo llevarían tan lejos.

Había cubierto numerosos incendios y explosiones. Cuando no podía acercarse al lugar del hecho, convencía a alguien que lo dejara subir a un apartamento alto hasta la escalera de incendios. Por eso tomó su cámara y lentes y salió del edificio donde estaba la AP, en 50 Rockefeller Plaza en Nueva York, hasta el vecino Edificio GM. Subió en el ascensor hasta el piso 65, donde funcionaba el restaurante Rainbow Room. Excepto por los camareros que preparaban las mesas, el local estaba vacío. Marchó hacia los enormes ventanales que le ofrecían vistas notables del Empire State y las Torres Gemelas que ardían detrás, y empezó a tomar fotos.

Después de media hora llegó la orden de evacuar. "No sabían qué edificio sería el blanco siguiente", explicó.

Lederhandler se retiró tres meses después. Murió en el 2010 a los 92 años.

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Para Richard Drew, la segunda semana de septiembre siempre significaba lo mismo: la Semana Otoñal de la Moda.

Pero Drew, que compartió el Premio Pulitzer de 1993, sabía que no había asignaciones rutinarias. El 5 de junio de 1968, siendo un fotógrafo novato de 21 años del Independent-Star News de Pasadena, estaba en el Hotel Ambassador en Los Angeles donde Robert Kennedy fue asesinado. Drew fue uno de apenas cuatro fotógrafos que capturó los últimos momentos de Kennedy.

El 11 de septiembre estaba al final de la pasarela, esperando el comienzo del desfile de modas, cuando sonó su celular. "Un avión embistió el Centro Mundial de Comercio", le dijo la editora de fotos Barbara Woike.

Drew corrió para tomar el subterráneo 2 hasta Chambers Street, donde vio el humo que salía de las dos torres. Tomó posición cerca de una fila de ambulancias cuando una paramédica llamó la atención de todos cuando dijo a los gritos que salía gente de la torre. Pero no miraba hacia abajo sino hacia arriba.

"Yo me puse en piloto automático", recordó Drew, "y empecé a tomar fotos de la gente que se caía del edificio al vacío".

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El 11 de septiembre empezó para el fotógrafo Doug Mills como la mayoría de los días en que cubría las actividades del entonces presidente George W. Bush. Esta vez debía ir a una cancha de golf en Sarasota, Florida. Después al primer acontecimiento del día, una visita a los alumnos de la escuela primaria Emma E. Booker.

El convoy estaba en marcha cuando Mills oyó fragmentos de una conversación de un subsecretario de prensa en su celular. Al llegar a la escuela, sabían que un avión había embestido un edificio de Nueva York, aunque no se sabía cuál.

Mills y los otros periodistas fueron colocados en la parte posterior del aula. Mills empezó a tomar imágenes del presidente y los niños. Unos cinco minutos después de comenzado el acto, el secretario de la presidencia Andy Card entró. Mills sabía que Card nunca asistía a eventos como éste. Algo sucedía.

Se dio cuenta de que Card esperaba el momento adecuado para acercarse a Bush, y tomó un teleobjetivo para tomar de cerca al presidente. En un momento Card caminó hacia Bush, se inclinó y le dijo algo al oído. Bush se quedó blanco.

Poco después, Mills editó y transmitió sus imágenes.

Más adelante, le preguntó a Card qué le había dicho a Bush. "Señor presidente", le respondió Card. "Un segundo avión embistió el Centro Mundial de Comercio. Estados Unidos es atacado".

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Amy Sancetta, fotógrafa nacional de AP con sede en Ohio, estaba en Nueva York para cubrir su décimo Abierto de Tenis de Estados Unidos. Tenía un par de nuevas cámaras Nikon D1H. Estaba en un cuarto de hotel cuando sonó el teléfono. La oficina tenía un informe de que un avión podía haber hecho impacto en una de las Torres Gemelas y le dijeron que fuera allí.

Tomó un taxi y recorrió Broadway hasta que una barricada policial le impidió acercarse. Para entonces, la segunda torre estaba ardiendo. Sacó sus teleobjetivos de 80-200 mm y empezó a enfocar las ventanas de la Torre Sur.

De pronto oyó un estruendo y vio a través del lente cómo la parte superior de la torre "se resquebrabaja y empezaba a desplomarse". Pudo tomar una media docena de imágenes antes de que la torre desapareciera por completo.

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El turno de Gulnara Samoilova en el archivo de fotos de la AP no comenzaba hasta el mediodía, y solía levantarse tarde. Pero esta vez la despertaron las sirenas insistentes, recuerda Samoilova, nativa de la República Rusa de Bashkortostán.

Encendió la televisión y a las 9:03 vio que el segundo avión se estrellaba en una torre. Su departamento estaba a cuatro cuadras de las Torres. Tomó las cámaras, varios rollos y corrió a la calle.

Debajo de la Torre Sur tomó su lente de 85 mm, vio cómo la torre empezaba a desplomarse y tomó una instantánea más antes de que alguien ordenara "¡Corramos!"

La fuerza del impacto "fue como un miniterremoto" y cayó al piso. La gente empezó a pisotearla. "Temí morirme allí mismo", dijo la fotógrafa de 46 años.

Se levantó cuando la nube de polvo estaba por envolverla. Se zambulló debajo de un automóvil y quedó encogida en posición fetal.

Como "una poderosa ráfaga", una lluvia de escombros cayó sobre el auto y le llenó de polvo los ojos, la boca, la nariz, las orejas. "Estaba oscuro y silencioso", recuerda. "Pensé que me sepultaría viva".

Pero de pronto recobró la vista, salió de su refugio y empezó a tomar fotos. En su imagen más impresionante se ve una docena de personas cubiertas de polvo y escombros.

Tomó sus fotos en blanco y negro. Cuando le preguntaron si tenía importancia, respondió que "estaban todos cubiertos de polvo, de polvo gris".

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Los periodistas de The Associated Press Samantha Gross en Nueva York, Meghan Barr en Cleveland y el periodista de video David Martin contribuyeron a este informe.