Los guardacostas estadounidenses utilizan renovados métodos y equipos para identificar el uso de naves semisumergibles u otro tipo de nuevas estrategias con las que los narcotraficantes tratan de introducir drogas en Estados Unidos.

"Recientemente con el guardacostas Seneca y un avión C-130 se interceptó un semisubmarino autopropulsado en el Caribe con casi siete toneladas de cocaína, con un valor aproximado de 180 millones de dólares", explicó hoy el Séptimo Distrito de la Guardia Costera de Estados Unidos, con sede en Miami.

Esa operación, ejecutada el pasado 13 de julio fue la primera interceptación en el Caribe de ese tipo de naves y también la primera vez que los guardacostas utilizaron buzos para recuperar el material de contrabando, porque tras detener a los sospechosos el semisumergible se hundió.

Según esta rama de las Fuerzas Armadas estadounidenses, a lo largo de los años, el contrabando de drogas marítimo ha crecido en tamaño y en alcance, y se ha sofisticado enormemente, a medida que los traficantes exploran nuevas maneras de evitar las incautaciones.

"Una redada bien ejecutada no sólo afecta a las organizaciones de traficantes, sino que también provee información muy valiosa de inteligencia para futuros operativos", apuntaron los guardacostas en su blog oficial.

William Baumgartner, comandante del séptimo distrito de los guardacostas, dijo que barcos como el Seneca están construidos específicamente para operaciones de patrullaje que requieren de una amplia capacidad de comunicaciones y soporte de helicópteros y botes de persecución.

"Estas embarcaciones suministran un servicio clave en las operaciones para resguardar las costas de Estados Unidos, y nos permite luchar contra las amenazas de seguridad antes de que lleguen a nuestras puertas", expresó el militar.

Para localizar el semisumergible debajo del agua, otro barco de los guardacostas, Oak, empleó su sonar de sondeo lateral y transmitió la información a un equipo de buzos de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) para que recuperara la droga.

El submarino, interceptado cerca de las costas de Honduras, fue construido en la selva colombiana controlada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), medía menos de 30 metros de largo y contaba con una tripulación de entre 4 y 5 personas.

Lou Orsini, consejero sobre el cumplimiento de la ley marítima, resaltó que "nuestra capacidad para reconocer rápidamente las nuevas tendencias (de las organizaciones criminales) e identificar soluciones para luchar contra nuestros adversarios es primordial para nuestro éxito".