Las bolsas asiáticas vivieron hoy una nueva jornada de pánico inversor tras el batacazo global de la víspera, aunque Tokio, Seúl y Shangai consiguieron moderar algo las pérdidas en el último tramo de la negociación.

Los inversores se lanzaron a vender al arranque tras las fuertes caídas de ayer en los parqués mundiales, entre ellas la del neoyorquino Dow Jones, que perdió un 5,54 por ciento tras la rebaja por parte de la agencia Standard & Poor's de los bonos estadounidenses de AAA+ a AA.

Ni el compromiso de los jefes financieros del G7 de mantener la estabilidad de los mercados ni la compra de bonos de deuda italiana y española por parte del Banco Central Europeo (BCE) lograron frenar ayer el desplome generalizado que hoy ha cristalizado con nuevas caídas en Asia.

Éstas cobraron más fuerza tras la publicación, a media mañana, del IPC chino de julio, que registró su peor dato en 37 meses con una subida del 6,5 por ciento interanual, y llevó a algunos a pensar en una posible subida de los tipos de interés en China como medida para aplacar el alza de precios.

Mediada la jornada, el Nikkei japonés llegaba a caer más de un 4 por ciento, mientras que Shangai cedía más de un 3,5 por ciento y el parqué de Hong Kong se dejaba más de un 6 por ciento.

Por su parte, el Kospi surcoreano retrocedía cerca de un 10 por ciento, hasta caer bajo la barrera de los 1.700 puntos por primera vez en 13 meses.

Salvo el honkonguense Hang Seng, que cerró con una caída del 5,66 por ciento, los otros tres índices de referencia lograron amortiguar las pérdidas.

En el caso de Tokio, hacia el final de la negociación los inversores optaron por la cautela y prefirieron esperar al desenlace que tendrá la reunión de hoy del Comité Federal de Mercado Abierto de EEUU, órgano que decide las políticas de la Reserva Federal.

Los analistas nipones también especularon con la posibilidad de que el Banco de Japón (BOJ) adquiera fondos cotizados en Bolsa y de que se repitan acciones similares por parte de otras autoridades monetarias asiáticas.

En este sentido, "parece existir algún tipo de apoyo a nivel estatal en Asia", señaló hoy Masayoshi Okamoto, analista de Jujiya Securities, a la agencia Kyodo.

En Seúl, los inversores institucionales llevaron a cabo compras con la intención de moderar unas caídas que desde el 2 de agosto han acumulado más del 15 por ciento, sin que ello sirviera para frenar la caída del selectivo Kospi.

Con los mercados asiáticos aparentemente incapaces de parar el encadenamiento de pérdidas, los analistas creen que todo depende aún del rumbo que decidan tomar Estados Unidos y los países de la eurozona para atajar sus problemas fiscales.

Sobre todo, porque economías fuertemente dependientes de las exportaciones, como la china, la nipona y la surcoreana, se muestran más vulnerables a este tipo de factores externos.

"La cooperación internacional no impulsará a los inversores. Solo las señales que demuestren que la economía global no está tan mal podrían reactivar el mercado", indicó con pesimismo Lim Tae-geun, analista surcoreano de Shinyoung Securities.

A las pérdidas que cosecharon los exportadores asiáticos hubo que sumar en Japón un nuevo fortalecimiento del yen frente al dólar y el euro, lo que rebaja los beneficios de las empresas niponas a la hora de repatriarlos.

El dólar, debilitado por la situación fiscal de Estados Unidos, se movía al cierre de Tokio en la banda baja de los 77 yenes, muy cerca de los niveles que llevaron al Ministerio de Finanzas y al Banco Central de Japón (BOJ) a intervenir el mercado de divisas el pasado jueves.

El ministro nipón de Finanzas, Yoshihiko Noda, dijo hoy que, además de estas intervenciones, son necesarias "medidas sólidas para hacer frente a la subida del yen", en una indicación de que el Gobierno podría estar meditando nuevas medidas de estimulo para la economía nipona ante la inestabilidad de los mercados.

Andrés Sánchez Braun