El Gobierno jordano mostró hoy su "profunda preocupación" por el derramamiento de sangre en la represión de las protestas en la vecina Siria, si bien mostró su intención de "no intervenir en los asuntos internos" de ese país.

"Lo que está sucediendo en Siria es inquietante, lamentable y doloroso", señaló el ministro jordano de Asuntos Exteriores, Naser Yudeh, en declaraciones a la agencia oficial de noticias Petra.

Yudeh instó al régimen de Bachar al Asad a recurrir al diálogo y "emprender reformas que permitan a Siria salir de este punto muerto".

Sin embargo, el jefe de la diplomacia jordana aclaró que su país "no desea intervenir en los asuntos internos de Siria" y que considera la unidad, estabilidad y seguridad de ese país "una línea roja" que no se puede traspasar.

Esta declaración se suma al anuncio anoche del rey de Arabia Saudí, Abdalá ben Abdelaziz, de que ha llamado a consultas a su embajador en Damasco y que su país "no acepta" el derramamiento de sangre en la represión de las protestas contra el régimen.

Por el momento, el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos calcula que han fallecido al menos 1.686 civiles y 401 efectivos de las fuerzas de seguridad desde el inicio de la revuelta popular el pasado mes de marzo.