Activistas sirios denunciaron que se han reanudado los disparos de artillería en un pueblo oriental de su país, mientras una embestida militar contra la población civil ha llevado al régimen a un mayor aislamiento internacional.

La violencia de lunes en Deir el-Zour se produce un día después que por lo menos 42 personas murieron en una intensificación de la represión del gobierno contra los manifestantes de oposición.

Los Comités Locales de Coordinación, que ayudan a organizar las protestas, dijo que los ataques de artillería y de ametralladoras se reanudaron en la madrugada del lunes.

Los soldados sirios también entraron al amanecer al poblado de Maaret al-Numan, en la provincia norte de Idlib, denunciaron activistas.

"Fuerzas entraron a la ciudad desde el lado este y están prohibiendo a los residentes ingresar o entrar a la ciudad", informaron los comités en un comunicado.

Más de 300 personas murieron la semana pasada, en el más cruento período de cinco meses desde que comenzaron las protestas contra el régimen autoritario del presidente Bashar Assad. Deir el-Zour en particular, ha estado bajo fulminante ataque. La ciudad está en una región de Sira rica en petróleo, pero ampliamente empobrecida y conocida por sus clanes y tribus bien armados cuyos lazos se extienden por todo el país y llegan a Irak.

"Las condiciones humanas en la ciudad son muy malas porque ha estado sitiada durante nueve días", dijo un activista en condición de anonimato por temor a las represalias. "Faltan medicamentos, leche en fórmula para bebés, alimento y gasolina. La ciudad está totalmente paralizada".

La campaña de violencia del gobierno contra los manifestantes, en su mayoría pacifistas y desarmados, que demandan reformas políticas y poner fin al régimen de 40 años de la familia Assad ha dejado más de 1.700 muertos desde marzo, de acuerdo con activistas y grupos de derechos humanos.

El régimen cuestiona la cifra de víctimas y culpa de las revueltas a una conspiración extranjera.

Pero la comunidad internacional ha condenado drásticamente la represión del gobierno, imponiendo sanciones y demandando el fin inmediato a los ataques.

Además, los vecinos árabes de Siria se han unido por primera vez a las protestas internacionales de condena contra el régimen.

El rey Abdalá de Arabia Saudí llamó el domingo a consultas a su embajador en Damasco y demandó "un fin a la máquina de asesinatos y derramamiento de sangre".