La primera ministra australiana, Julia Gillard, ha negado hoy la posibilidad de que la supuesta huelga de hambre iniciada por algunos inmigrantes que serán deportados a Malasia trastoque los acuerdos para acoger refugiados.

El activista por los derechos de los refugiados Ian Rintoul afirmó a los medios que algunas personas habían comenzado una huelga de hambre para protestar por su expulsión a Malasia.

Sin embargo, Gillard indicó que era "consciente" de estos informes, pero que no influirán en su determinación para seguir adelante con el plan establecido.

En los próximos días el Gobierno australiano enviará a Malasia un primer grupo de 55 inmigrantes indocumentados bajo el acuerdo suscrito a finales de julio entre los dos países para intercambiar 800 refugiados en busca de asilo por 4.000 inmigrantes.

"Como hemos dejado claro desde el principio, el acuerdo con Malasia no es una cuestión voluntaria, sino que está hecho", dijo la primera ministra a los medios.

El Gobierno australiano tiene como objetivo "romper el modelo de negocio" de los traficantes de personas y que la gente "no arriesgue su vida" en los barcos que llevan a los inmigrantes hasta las costas del país.

Unicef y las Naciones Unidas calificaron el viernes como "crueles" e "inhumanas" las intenciones de Australia de deportar a Malasia a menores de edad sin compañía que fueron detenidos en su intento por obtener asilo en el país oceánico.

Guillard afirmó que Camberra está "trabajando" el asunto con la ONU para proporcionar a los menores las "protecciones" acordadas con Malasia, y señaló también que no habrá niños entre los 4.000 refugiados que llegarán a Malsia.

Uno de los mayores problemas para el Gobierno australiano desde hace más de una década es el flujo constante de inmigrantes indocumentados que cada año consiguen alcanzar las costas de territorio australiano, la mayoría de ellos en embarcaciones.

Más de 5.000 inmigrantes, de acuerdo a los datos facilitados por el Gobierno australiano en febrero, aguardan a que sean procesadas sus solicitudes de asilo, que muchas veces son rechazadas tras varios meses de trámite.

Los inmigrantes indocumentados son llevados a siete centros de detención u otro tipo de instalaciones en los que sus movimientos están restringidos, generalmente en lugares aislados, y que en ocasiones son escenario de violentas protestas, principalmente lideradas por jóvenes procedentes de países como Afganistán o Irak.