Un día como hoy, el 6 de agosto del 2001, murió el escritor brasileño Jorge Amado, uno de los autores más universales y queridos, que llevó su compromiso, el sabor, los mitos y la sensualidad de Brasil por todo el mundo con títulos como "Gabriela, clavo y canela" o "Doña Flora y sus maridos".

Nacido el 10 de agosto de 1912 -el próximo año se celebrará su centenario- en Ferradas, en el estado de Bahía, Amado está traducido a 42 idiomas y sus más de treinta libros publicados lo convierten en el escritor más universal del mayor país sudamericano.

Este brasileño de pura cepa, de cabellos y mirada blancos, con aspecto bonachón y un gran paladar, comenzó a los 14 años siendo periodista en el Diario de Bahía, después se licenció en Derecho y, en 1931, con apenas 18 años, publicó su primera novela, "O país do Carnaval" (El país del Carnaval), una novela en la que ya dejaría ver sus inquietudes, su compromiso social y su militancia política, que ocupa toda la primera parte de su ciclo literario.

Su preocupación por la desigualdad, la pobreza, la marginación o la esclavitud, le llevó a militar en el partido comunista brasileño y a viajar por toda América y Europa; un compromiso que le supuso el exilio. Estuvo once veces preso y vivió dos años en Argentina (1941-42) y cinco en Europa (1948-52).

Premio Internacional Stalin y diputado comunista en 1946, Jorge Amado se fue poco a poco desligando de su actividad más comprometida y se volcó en la pura creación literaria.

Vendría así después su segunda etapa creativa, marcada por la alegría, la ironía y la vitalidad, con títulos como "Gabriela, clavo y canela" (1958), "Los viejos marineros" (1961), "Los pastores de la noche", (1964) y "La tienda de los milagros" (1969).

Además de "Doña Flora y sus maridos" (1966), "Teresa batista cansada de guerra" (1972) o "Tieta de Agreste" (1977), entre otros libros, con la mujer como protagonista en muchos de ellos.

"Comenzó escribiendo unas novelas muy comprometidas socialmente, casi en las orillas del realismo socialista, graves, tristes, algo lúgubres, como las que hubiera escrito un hombre de avanzada edad, y luego, a medida que fueron pasando los años, se fue rejuveneciendo y escribiendo historias de humor, de alegría de vivir y sensualidad, con una libertad de invención y de palabras como la de un joven", dijo Mario Vargas Llosa cuando falleció el escritor brasileño.

Vargas Llosa, gran admirador de Amado, cuya "extraordinaria generosidad" y "calidad humana fuera de serie" siempre destacó, reclamó para el brasileño el premio Nobel cada vez que tuvo oportunidad: "Por su capacidad de renovación, su coherencia y potencia narrativa; pero, bueno, está en buena compañía, con otros grandes ausentes, como Borges o Navokov", sostuvo.

Cuando Jorge Amado visitó Madrid en 1995 para presentar su novela "De cómo los turcos descubrieron América" y su libro de memorias "Navegación de cabotaje", comentó que toda ideología cerrada era perjudicial para el trabajo literario.

"A lo largo de mi vida he aprendido a separar los ideales de las ideologías, diferenciando entre el deseo de cambio generoso y las técnicas de conquista de poder. Yo no soy nada simpatizante con el poder; creo que hay que confiar en una senda democrática hacia el socialismo, pues éste y no otro es el camino de la Humanidad hacia una sociedad menos injusta y discriminatoria que la actual", apuntó.

Reiteró que el socialismo era imposible sin democracia, "sin ella se cae en la dictadura, de derechas o de izquierdas, y la dictadura acaba por ser siempre simple basura".

Y del capitalismo argumentó que era "una porquería, un sistema basado en el engaño, el poder del dinero y el lucro que conduce a la guerra, la discriminación social y el racismo", este gran escritor que murió a los 88 años y que hoy seguro que respaldaría los movimientos de protesta contra la crisis financiera y sus consecuencias, como el francés Stéphane Hessel o el español José Luis Sampedro.